No hay dolor de que se participe más fácilmente, no hay angustia que tanto llegue al corazón como el de los hijos que han perdido a su madre.
Frases célebres sobre: razó. [Página 72]
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La sinceridad es una efusión del corazón. Muy pocos la tienen; y la que ordinariamente vemos no es sino un refinado disimulo para ganar la confianza de los demás
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Provisional como todos los plazos del corazón.
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Con frecuencia el hombre cree estar conduciéndose a sí mismo cuando es conducido, y mientras con su mente tiende a una meta, su corazón le arrastra insensiblemente hacia otra.
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Sólo el infortunio puede convertir un corazón de roca en un corazón humano.
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Ningún poder humano puede jamás violentar el sagrario impenetrable de la libertad del corazón.
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Pocas cosas son necesarias para hacer feliz al hombre sabio, pero nada satisface al tonto; esta es la razón de que gran parte de la humanidad sea miserable.
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La inteligencia no podría representar mucho tiempo el papel del corazón.
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Carecemos de fuerza suficiente para seguir toda nuestra razón.
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La fortaleza de los hombres juiciosos no es más que el arte de encerrar el propio desasosiego dentro del corazón.
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Existe en el corazón humano una generación perpetua de pasiones, de tal manera que la ruina de una coincide casi siempre con el advenimiento de otra.
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Nunca se desea ardientemente lo que sólo se desea por la razón.
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La juventud es una embriaguez continua, es la fiebre de la razón.
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No tenemos bastante fuerza para seguir todas las indicaciones de nuestra razón.
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Las personas afortunadas se corrigen poco: Creen tener siempre razón mientras la fortuna sostiene su mala conducta.
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Viene cada año y vendrá para siempre. Y con la Navidad vienen los recuerdos y las costumbres. Esos recuerdos cotidianos humildes a los que todas las madres nos agarramos. Como la Virgen María, en los rincones secretos de su corazón
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Tiene que haber alguna razón psicológica profunda por la que volvemos instintivamente hacia casa en este momento tan especial, un lugar donde todos los días será Navidad, con todos juntos. En casa
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Mayor pereza invade nuestro espíritu que nuestro corazón
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El amor al país en que uno nació no puede ser obligatorio, sino, al igual que cualquier otro amor, un movimiento espontáneo del corazón
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Una mujer hermosa agrada a los ojos; una mujer buena agrada al corazón; la primera es un dije; la segunda es un tesoro