Este camino ya nadie lo recorre salvo el crepúsculo.
Frases célebres sobre: rec. [Página 284]
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A los que contemplan la luna, las nubes a veces ofrecen una pausa.
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En casa del cantero florecen los crisantemos entre las piedras.
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No es la razón la que nos provee de una dirección moral, sino la sensibilidad.
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Donde falta la fuerza, desaparece el derecho, donde aparece la fuerza, el derecho empieza a resplandecer.
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Tenía la necesidad de destruir las viejas convenciones, de desobedecer a fin de recrear la vida y un mundo liberado.
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Todas las madres son ricas cuando aman a sus hijos. No hay pobres, no hay feas, no hay madres viejas. Su amor es siempre la más bella de las Alegrías. Y cuando parecen tristes, basta un beso que reciban o que den para que todas sus lágrimas se conviertan
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Cada vez que cometo un error me parece descubrir una verdad que aún no conocía
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Libertad. Loada de sabios, deseada de muchos y cantada de poetas, para cuya estimación todo el oro y las riquezas de la tierra es poco precio
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Es discreción saber disimular lo que no se puede remediar.
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En mi choza todo cuanto puedo ofreceros es que los mosquitos son pequeños.
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Esta puesta del sol otoñal. Pareciera ser el País de las sombras.
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Cansado y maltrecho buscando posada ¡Glisinas en flor!
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Salpicados de barro Por el rocío Los melones parecen frescos.
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Cuando desaparece el hototogisu. Una Isla.
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Un autor, malo o bueno, o entre malo y bueno, es un animal a quien cualquiera se siente con el derecho de atacar. Pues si bien no todos son capaces de componer libros, todos se consideran capaces de juzgarlos.
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Mientras hablaba, los ojos se le cargaron de deliciosa languidez; el pecho se le agitaba. Lo estrechó ardientemente en los brazos, lo atrajo hacia sí y pegó los labios a los de él. Ambrosio volvió a sentir el deseo.
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Pero era en exceso prudente para revelar el motivo de sus recelos. Consideró que desenmascarar al impostor no sería cosa fácil, dado que la gente estaba tan predispuesta en su favor. Y como tenía muy pocos amigos, le parecía peligroso hacerse un enemigo t
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Cuando no se encontraba oscurecido por los prejuicios, cosa que, por desgracia, muy pocas veces ocurría, su entendimiento era sólido y excelente. Sus pasiones eran violentas; no escatimaba fatigas para satisfacerlas y perseguía con furor a quienes se opon
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Un profundo y melancólico silencio reinaba en la bóveda, y desesperé de recuperar la libertad. Mi larga abstinencia en materia de alimentos comenzó a atormentarme. Las torturas que el hambre me infligía eran las más penosas e insoportables, pero parecían