Se torturaba a los acusados en las prisiones; se fusilaba a los presos sin formación de causa en los patios de los cuarteles y se cerraban los ojos a las persecuciones y atrocidades perpetradas por la policía durante aquellos dieciséis meses. Hubo sólo tr
Frases célebres sobre: res. [Página 68]
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...Carecen de interés y de altura , porque aquí la tienen muy pocas cosas, las razones que me movieron a solicitar el ingreso en Izquierda Republicana, con preferencia de otro partido ... Después de imponer infamantes acusaciones que sobre mi nefanda cond
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De los resistentes es la última palabra.
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Jamás he podido renunciar a la luz, a la felicidad, a la vida libre en que he crecido. Pero aunque esta nostalgia explique mucho de mis errores y de mis faltas, me ha ayudado sin duda a comprender mejor mi oficio, me ayuda a mantenerme ciegamente junto a
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Ni uno sólo de los principios morales que custodian el corazón de los hombres, me era accesible.
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Para la mayoría de los hombres la guerra es el fin de la soledad. Para mí es la soledad infinita.
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Todas las desgracias de los hombres provienen de no hablar claro. La Peste
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Para los historiadores, las guerras vienen a ser algo sagrado; rompen a modo de tormentas saludables o por lo menos inevitables que, cayendo desde la esfera de lo sobrenatural, vienen a intervenir en el decurso lógico y explicado de los acontecimientos mu
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El presente es el culpable de todos los dolores.
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Sucumbiré, se que sucumbiré, pero puedo decir que me he resistido contra ello toda una vida. Si no me hubiera resistido toda una vida, importaría poco que también yo haya de sucumbir.
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Dos clases de hombres: Los reacios a la confesión y los confesantes apasionados.
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Porque podría ser que algunos historiadores quisieran conservar aquello que los poderosos han destruido.
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Asco debería darte, asco señores debería darle.
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No hay más alianzas que las que trazan los intereses ni nunca las habrá.
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Para acabar con la insurrección en Cuba sólo hacen falta tres balas, una para Martí, otra para Maceo y otra para Gómez.
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Cuantas menos necesidades sintáis, más libres seréis.
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El dinero consagrado a la beneficencia no tiene mérito si no representa un sacrificio, una privación.
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El dolor tiene un gran poder educativo; nos hace mejores, más misericordiosos, nos vuelve hacia nosotros mismos, nos persuade que esta vida no es un juego sino un deber.
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La generosidad sufre con las desgracias ajenas, como si ella fuera la responsable.
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Los esfuerzos individuales nos traerán el progreso general.