Feller era un hombre brillante. Prefería errar a permanecer indeciso.
Frases célebres sobre: ría. [Página 227]
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Si discutieran la cabeza y el corazón, acabaría por decidir el corazón. La pobre cabeza cede siempre, porque es la más prudente
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Mientras dormía todo lo asombraba, jugaba ardorosamente, miraba, oía. Su última palabra: Si volviera a empezar, te encontraría sin buscarte.
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Si lloras de alegría, no seques tus lágrimas: las robas al dolor.
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Dicen que se supone que uno debe ser amable con los episcopales y los presbiterianos y los metodistas y esto y lo otro. Tonterías. No tengo por qué ser amable con el espíritu del Anticristo.
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Y supo de repente que jamás encontraría satisfacción en el amor, sino en el odio, en odiar y ser odiado.
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Sólo había una cosa que el perfume no podía hacer. No le podría convertirse en una persona que podía amar y ser amado como todos los demás. Así, al infierno con él, pensó. Al diablo con el mundo. Con el perfume. Con el mismo.
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Ganar el campeonato sería increíble, un grandísimo sueño. No quiero ni pensar en la posibilidad de perder la final: sería un desastre, una catástrofe
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Si la justicia existe, tiene que ser para todos; nadie puede quedar excluido, de lo contrario ya no sería justícia.
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En su interior había paz; nada bullía ni ejercía presión. En su alma volvía a reinar la acostumbrada noche fría que necesitaba para que su conciencia estuviera clara y tersa y pudiera asomarse hacia fuera: allí olió su perfume.
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No brillaba ninguna chispa de locura en sus ojos ni desfiguraba su rostro ninguna mueca de demencia. No estaba loco. Su estado de ánimo era tan claro y alegre que se preguntó por qué loquería. Y se dijo que lo quería porque era absolutamente malvado. Y so
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Porque aquí, en la tumba, era donde vivía de verdad, es decir, pasaba sentado más de veinte horas diarias sobre la manta de caballerías en una oscuridad total, un silencio total y una inmovilidad total, en el extremo del pétreo pasillo, con la espalda apo
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Sufría del alma y de la ingenuidad del corazón: dos tiranías que abaten siempre al hombre sensible.
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La verdad, ni yo sabía lo que quería, pero me moría a su lado: su contacto estremecía todo mi ser...
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Todas nuestras desgracias no están en lo poco que acabo de contarte y que son cosas pasadas. Aunque hay otras. No quisiera decirlas. ¿Para qué? Aquellos que gustarían, como tú, desposarme y que las conocieran, no avanzarían más. Vale más doblegarse ante e
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En esta época hay muchos políticos ambiciosos, que ningún bien hacen a mi raza; pasan el tiempo discutiendo tonterías y robándose el dinero que le pertenece al pueblo...
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Ama y aprecia a la mujer y no abuses nunca de su debilidad, sería una infamia y una cobardía.
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¿Qué aspecto presentaría la vida si no estuviera desprovista de sentido? La insignificancia absoluta es la base sobre la que descansa.
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La gente piensa que soy estúpida. Pero soy más simpática que la mayoría de la gente.
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¿Y qué necesidad lo habría impulsado a nacer antes o después, partiendo de la nada?