El arte tiene que volver a ser un acto de sinceridad.
Frases célebres sobre: rid. [Página 116]
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El alma del mundo es como un pájaro herido que sangra en el amar.
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El débil que habla fuerte se hace ridículo.
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A cada ser su colorida ropa viste la luz.
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Cada vez, con todo lo fiel que se quiera ser, se está traicionando la singularidad del otro al que se interpela.
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Por fiel que uno quiera ser, nunca deja de traicionar la singularidad del otro a quien se dirige.
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Forjamos otros caminos sobre sendas ya recorridas. ¡Que pérdida de tiempo!
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La melancolía es la tristeza que ha adquirido ligereza.
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Maldita ciudad, no es tu mejor momento y aún estás hermosa. He de confesarte que te eché de menos. Agarro la guitarra y canto para ti. Qué bueno estar en casa. Vuelvo a Madrid.
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Madrid, deshabitado como mi colchón el verano en que me hice mayor, y ella que ya no llama.
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Hasta que el marido no entiende absolutamente todas las palabras que su mujer no ha dicho, no estará realmente casado.
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Ninguna moral puede fundarse sobre la autoridad, ni siquiera aunque la autoridad fuera divina.
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La finalidad de una moneda es, ante todo, facilitar las operaciones comerciales, y, para cumplir esta finalidad, necesita estar definida con toda claridad y ser aceptada por la generalidad de las gentes.
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El landismo ha marcado. Y aunque muchos se han referido a él peyorativamente, con el paso de los años la cosa ha cambiado, y hoy se habla de él como un fenómeno de sociedad
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Las matemáticas comenzaron a ser una ciencia cuando alguien, probablemente un griego, enunció proposiciones acerca de cualquier cosa o de alguna cosa sin especificar ninguna particularidad. Los griegos fueron los primeros en aplicar proposiciones a la geo
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Como es el marido es la mujer.
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Hay que pedir solidaridad a los millonarios. Aquí no se han ofrecido ninguno a pagar más impuestos
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Debemos salir de la crisis y debemos hacerlo juntos. Pero esta salida de la crisis no puede servir para cuestionar nuestras seguridades elementales
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¿Qué nos pasó? Tal vez estamos en el mundo para buscar el amor, encontrarlo y perderlo, una y otra vez. Con cada amor volvemos a nacer y con cada amor que termina se nos abre una herida. Estoy llena de orgullosas cicatrices.
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Yo me he conducido de tal modo que, después de Dios, mi fortaleza principal y mi seguridad descansan en los corazones leales y en la buena voluntad de mis súbditos.