Lo más curioso, para no decir lo más tristemente divertido, es que las instituciones democráticas son buscadas y queridas por organismos no democráticos
Frases célebres sobre: rid. [Página 84]
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Sólo serás bueno, si sabes ver las cosas buenas y las virtudes de los demás. --Por eso, cuando hayas de corregir, hazlo con caridad, en el momento oportuno, sin humillar..., y con ánimo de aprender y de mejorar tú mismo en lo que corrijas.
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Es simpleza o necedad llorar por lo que no se puede remediar. Dejemos llorar al que dolor tiene, que las lágrimas y suspiros muchos desenconan el corazón dolorido
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Soy la misma persona que era antes de recibir el Premio Nobel. Trabajo con la misma regularidad, no he modificado mis hábitos, tengo los mismos amigos
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Pero también llegará mi día y surgiré de los abismos de la calumnia, para ir creciendo a los ojos de la posteridad, para ser lo que necesariamente tendré que ser en las páginas de la historia
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Para convencerse de que resulta ridículo tomar la moda como principio de conducta, basta mirar algunos retratos antiguos.
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La lealtad tiene como consecuencias la seguridad de andar por un camino recto, sin inestabilidades ni perturbaciones; y la de afirmarse en esta certidumbre: que existen el buen sentido y la dicha.
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Yo sueño con tu amor... Una infinita dulzura sube del florido huerto... ¿Por qué el ensueño de una margarita, hoja tras hoja mi saudade arranca, si en la penumbra del balcón abierto falta esta tarde tu silueta blanca?
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La sinceridad es una efusión del corazón. Muy pocos la tienen; y la que ordinariamente vemos no es sino un refinado disimulo para ganar la confianza de los demás
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Como un panal disuélvame en dulzura, desfallezco de todo: de ternura, de claridad, del éxtasis de verte...
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Y si fuera pintor, ¡con qué cuidado, con mi pincel, por el amor guiado, diluiría en la cándida vitela de un abanico tu sutil figura, entre el rosa fragante y la frescura de un florido paisaje de acuarela!
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Los más insolentes en la prosperidad son en la adversidad los más débiles y cobardes.
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Así como la demasiada autoridad corrompe a los reyes, así el lujo emponzoña toda una nación.
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Los más insolentes en la prosperidad son en la adversidad los más temerosos.
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El poder sin límites, es un frenesí que arruina su propia autoridad.
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Nunca el hombre es tan ridículo por las cualidades que tiene, como por aquellas que cree tener.
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Se necesitan virtudes más grandes para soportar la prosperidad que la suerte adversa.
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Parece como si la naturaleza, que tan sabiamente dispuso los órganos de nuestro cuerpo para hacernos felices, hubiera querido darnos también el orgullo para evitarnos el dolor de conocer nuestras imperfecciones.
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La mayoría de las mujeres no lloran tanto la muerte de sus amantes por haberlos querido como por parecer más dignas de ser amadas.
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Si en los hombres no aparece el lado ridículo, es que no lo hemos buscado bien.