Era yo un río en el anochecer, y suspiraban en mí los árboles, y el sendero y las hierbas se apagaban en mí.
Frases célebres sobre: río. [Página 14]
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No temas, no temas, y mira, mira hasta las islas... ¿Viste alguna vez la melodía de los brillos? ¿La viste ondular, todavía de gasa, desde tus pies al cielo, sobre el río?
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De pronto sentí el río en mí, corría en mí con sus orillas trémulas de señas, con sus hondos reflejos apenas estrellados.
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¿Cuándo, cuándo, mi amiga, junto a las mismas bailarinas del fuego, cuándo, cuándo, el amor no tendrá frío?
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Hay períodos de la historia, como el que atravesamos, donde las expectativas de cambio retroceden a zonas pantanosas. Pero la misma historia demuestra que hay flujos y reflujos y que la expectativa vuelve. Todo esto tiene que ver con la utopía. La utopía
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Antes que corten los juncos del río contempla la luna.
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Expuesto a la intemperie y resignado, ¡cómo corta mi cuerpo el frío!
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A lo largo del río no encontré ningún puente ese día sin fin.
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La idea había tomado posesión de mi mente de tal manera que el miedo recorría todo mi cuerpo como un escalofrío y traté de cambiar las fantasmales imágenes de mi fantasía por la realidad que me circundaba. ... Al día siguiente anuncié que había pensado un
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La mera visión del mar solía provocarme las sensaciones que experimenta un cazador cuando oye el griterío de una jauría de perros.
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En la palma de la mano una luciérnaga. ¡Ah! Su frío reflejo.
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El río en invierno. El agua no es suficiente para cuatro o cinco patos.
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Bajando del caballo en el viento de otoño pregunté por el nombre del río.
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Ningún insecto se acerca a la lámpara aún más frío.
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Una extremidad apoyado sobre la montaña el río celeste.
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El río en el verano y un puente. Pero el caballo pasa por el agua.
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A gran velocidad se lleva el verano el río Mogami.
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Reseco el río, cruza el puente la gente y siente frío.
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Los niños son felices jugando o sin hacer nada. Un adulto discriminante, por el contrarío, decide qué le hará feliz y cuando se dan estas condiciones está satisfecho.
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Nadie puede concebir la angustia que sufrí durante el resto de la noche, que pasé, frío y mojado, a la intemperie. Más no notaba la inclemencia del tiempo. Tenía la imaginación asaltada por escenas de horror y desesperación.