El arte de torear consiste en convertir en veinte minutos a un bello animal en una albóndiga sangrante ante un público alborozado.
Frases célebres sobre: sangra. [Página 2]
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Todo, amada, en tu ausencia siempre larga te llora: el silencio y la estrella, la sombra y la canción, lo que duda en la dicha, la que en la duda implora. Y luego...Este profundo sangrar del corazón.
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Una sociedad que aísla a sus jóvenes, corta sus amarras: está condenada a desangrarse.
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Por morir, por vivir, porque la muerte es más fuerte que yo canté y viví en cada copla sangrada, querida, cantada, nacida y me fui...
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Tuve miedo de amar con locura, de abrir mis heridas, que suelen sangrar, ¡y no obstante toda mi sed de ternura, cerrando los ojos, la dejé pasar!
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La belleza es la vida cuando la vida levanta el velo de su rostro sangrado
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El alma del mundo es como un pájaro herido que sangra en el amar.
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Las heridas morales tienen la particularidad de que se ocultan, pero no se cierran; siempre dolorosas, siempre prontas a sangrar cuando se les toca, quedan vivas y abiertas en el corazón
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Pétreos corazones sangrarán.
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Le sangraban los ojos, nunca el corazón.
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Los toros son como una boda, sí. Como una boda gitana: Hasta que alguien sangra, no sacan el pañuelo.
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Y el famoso axioma que sirve de guía a la mayor parte de noticiarios televisivos locales es Si sangra, manda a lo que algunos periodistas desalentados añaden Si piensa, apesta .
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Porque un amor que sangra no se olvida, porque deja en el alma una onda herida
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Oigo mi corazón latir sangrando y siempre y nunca igual. Sé por quién late así, pero no puedo decir por qué será
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Lo peor era estar descalza, el suelo erizado de piedras, no podíamos pagarnos unas sandalias. ¡Cómo me sangraban los pies! No teníamos nada, ni casa, ni agua, éramos nómadas... pero teníamos el rebaño y a nosotros mismos
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No sería quien soy sin haber visto tanto mundo. Llevo en mis retinas los sangrantes Cristos españoles, los Budas inmensos, las ciudades, los bosques y las aldeas, los mares semejantes que llevan a distintos nombres.
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Mi amor no es amor de mercado, porque un amor sangrado no es amor de lucrar.
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Hubieras temido ver tu cuerpo sangrante en el éxtasis de aquella ceremonia, el proferimiento de cuyo nombre tan sólo hubiera bastado para hacerte morir de un goce irresistible, de un goce que hubiera trascendido todas las posibilidades de tu cuerpo y que