Nunca jamás una carta a nadie, un mensaje, un retrato, ni la más leve esperanza. Siempre, a través de los años, el mismo silencio, la misma espera sin fin. Tan sólo aquel airoso caballo negro y aquella alegre yegua blanca que, al caer la tarde, solían mir
Frases célebres sobre: siem. [Página 119]
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El destino, el azar, los dioses, no suelen mandar grandes emisarios en caballo blanco, ni en el correo del Zar. El destino, en todas sus versiones, utiliza siempre heraldos humildes.
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Siempre así es el amor, será y ha sido: mata de celos y de un golpe, y luego besa y besa, llorando lo que mata.
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La gloria, la fama, la unanimidad es un espejismo. Siempre parecen más brillantes en otro.
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Las maravillas del mundo nunca son pocas, lo que siempre falta es la capacidad de sentir y admirar
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Por muchos descubrimientos que hayamos hecho en el país del amor propio, siempre quedarán muchas tierras desconocidas.
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Lo que tomamos por virtudes a menudo no es más que un compuesto de diversas acciones y diversos intereses que el azar o nuestro ingenio consiguen armonizar, y no es siempre el valor y la castidad lo que hace que los hombres sean valientes y que las mujere
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Amamos siempre a los que nos admiran, pero no siempre a los que admiramos.
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Es preciso estar siempre presto a declarar la guerra, para que no nos veamos obligados a la desgracia de tener que aceptarla.
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La franqueza en las mujeres, es casi siempre una inconsecuencia.
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Para saber bien las cosas, hay que conocerlas con todo detalle; y como los detalles son casi infinitos, nuestros conocimientos son siempre superficiales e imperfectos
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Lo que hace que los amantes no se aburran nunca de estar juntos es que se pasan el tiempo hablando siempre de sí mismos.
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Nuestra envidia dura siempre mas que la dicha de aquellos que envidiamos.
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La gloria de los grandes hombres debe medirse siempre por los medios que han empleado para adquirirla.
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Nuestra envidia dura siempre más que la felicidad de aquellos a quienes envidiamos.
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Bien...Yo siempre creí que toda confesión no transfigurada por el arte es indecente. Mi vida está en mis poemas, mis poemas son yo mismo, nunca escribí una coma que no fuese una confesión.
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Si tuviésemos suficiente voluntad casi siempre tendríamos medios suficientes.
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Esa clemencia, de la que se hace una virtud, a veces se practica por vanidad, otras por pereza, a menudo por miedo, y casi siempre por esas tres razones juntas.
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El orgullo se resarce siempre y no pierde nada, incluso cuando renuncia a la vanidad.
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Encontramos siempre fastidiosa la compañía de las per sonas que no nos permiten ser fastidiosos.