Entre la raza de los hombres independientes, generosos y cultivados, en un país en que la imaginación es emperatriz de las mentes de los hombres, no ha de temerse que queramos una sucesión perpetua de nobles y personas de alcurnia.
Frases célebres sobre: temer. [Página 5]
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El matrimonio es un combate a ultranza, antes del cual los esposos piden la bendición de Dios, porque amarse para siempre es la más temeraria de las empresas.
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El matrimonio es una costumbre a ultranza, antes del cual los esposos piden la bendición de Dios, porque amarse para siempre es la más temeraria de las empresas
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La infancia es ignorante; la mocedad, ligera de cascos; la juventud, temeraria, y la vejez, malhumorada.
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A lo único que tenemos que temer es al miedo por sí mismo.
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La burguesía occidental ha levantado suficientes barreras y alambradas para no temer realmente la competencia de aquellos a quienes explota y desprecia
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El amor es más de temer que todos los naufragios.
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Los más insolentes en la prosperidad son en la adversidad los más temerosos.
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No hay que temer a los que tienen otra opinión, sino a aquellos que son demasiado cobardes para manifestarla
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Uno debe temerle a la vida, no a la muerte.
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No hay que temer a nada en la vida, sólo tratar de comprender.
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Dejamos de temer aquello que se ha aprendido a entender.
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¿Qué pena, qué castigo habrá que cuadre a éste, de los hombres monstruo fiero, temerario homicida de su padre, aunque de su corona el heredero?
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Parece que el lugar insidioso fue de Natura para engaños hecho, ciego, inútil, oculto y temeroso, sólo para asechanzas de provecho, a un lado el monte es áspero y fragoso, y entre sus peñas va un camino estrecho, debajo un campo llano y apacible a las fal
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Cuando uno examina su propia interioridad y comprueba que no hay en ella nada malo, ¿por qué habría de ser triste, qué tiene que temer?
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La temeridad acompaña a la juventud, como acompaña la prudencia a la vejez.
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Por conservar la libertad, la muerte, que es el último de los males, no debe temerse.
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De la justicia no tienen nada que temer los pueblos, sino los que se resisten a ejercerla.
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Sólo la opresión debe temer el ejercicio pleno de las libertades.
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El ideal de la vida es inseparable del de la muerte. Debemos amar la vida para no temer la muerte, que es un pórtico de renovación; es decir: de nueva vida.