Y cuando el otoño llegó, y llegó también el término de sus días, tuvo aún tiempo de dar una última lección antes de morir a las jóvenes abejas que la rodeaban: No es nuestra inteligencia, sino nuestro trabajo quien nos hace tan fuertes.
Frases célebres sobre: tim. [Página 76]
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Piensa que cada día es el último que luce para ti, y recibirás agradecido la hora que se te da y no esperabas
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Un buen marido nunca es el primero en dormirse por la noche ni el último en despertarse por la mañana.
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La muerte es el último límite de todas las cosas
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¿No están acaso nuestros sentimientos, por así decirlo, escritos en las cosas que nos rodean?
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Piensa que cada día puede ser el último.
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La habilidad para ocultar la grandeza de los sentimientos es indicio de una inmensa superioridad
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En el naufragio de la borrachera el amor propio es el único sentimiento que consigue mantenerse a flote
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El amor no es sólo un sentimiento. Es también un arte.
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Lo que hace indisoluble a las amistades y dobla su encanto, es un sentimiento que le falta al amor, la certeza.
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Los edificios monumentales no tienen otra sujeción que el sentimiento que los inspira y la simpatía que procuran despertar.
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Es una lástima que la mayor parte de la humanidad tenga una visión mental tan limitada a la hora de sopesar con calma y con inteligencia aquellos fenómenos aislados, vistos y sentidos sólo por unas pocas personas psíquicamente sensibles, que acontecen más
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Rechazo seguir las convenciones mecánicas de la literatura popular o llenar mis cuentos con personajes y situaciones comunes, pero insisto en la reproducción de impresiones y sentimientos verdaderos de la mejor manera que pueda lograrlo. El resultado pued
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Mi conclusión fue que no solamente serviríamos cafés, sino que crearíamos un ambiente en el que la intimidad de la relación con el espacio y la experiencia del café pudiera cobrar vida
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Los hombres deberían saber que del cerebro y nada más que del cerebro vienen las alegrías, el placer, la risa, el ocio, las penas, el dolor, el abatimiento y las lamentaciones.
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En el mundo hay cuatro clases de personas: los enamorados, los ambiciosos, los observadores y los imbéciles. Estos últimos son los más felices
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Ante ese faro han desfilado por espacio de un siglo los majestuosos barcos de los siete mares. En tiempos de mi abuelo eran multitud; en los de mi padre no tanto, y ahora son tan pocos que a veces me siento extrañamente sólo, como si yo fuese el último ho
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Esas gentes son tan silenciosas y hurañas que uno tiene la impresión de verse frente a un recóndito enigma del que más vale no intentar averiguar nada. Y ese sentimiento de extraño desasosiego se recrudece cuando, desde un alto del camino, se divisan las
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La primera víctima de la guerra es la verdad.
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Por adentro es un vacío, por afuera un monumento retocado por la moda con un golpe de pincel. Prototipo de mediocre, sin ideal ni sentimiento, y arrastrado por los vientos como un trozo de papel.