En la boca del viejo todo lo bueno se fue y todo lo malo es.
Frases célebres sobre: tod. [Página 274]
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Todos los necios son obstinados y todos los obstinados son necios.
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No hay que decir cobra buena fama y échate a dormir, pues ya aun antes de cobrarla, se echan a dormir todos
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Métense a querer dar gusto a todos, que es imposible, y vienen a disgustar a todos, que es más fácil.
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De los amigos ofendidos salen los peores enemigos: añaden a su defecto todos los ajenos.
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Lo cierto es que a todo héroe le apadrinan el valor y la fortuna, ejes ambos de toda heroicidad.
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Todo juez de sí mismo halla luego textos de escapatoria
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Más puede una lagrimilla mujeril, que toda la sangre que derramó el valor.
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Todo lo favorable obradlo por sí; todo lo odioso, por terceros
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Los dibujantes le rajan a los personajes fijos porque te esclavizas. Es más lindo no tener esa limitación. Pero los personajes se imponen, son tiranos, aparecen todos los días. Pero también permanecen más en el recuerdo.
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Las crisis obligan un poco a lo que es una de las partes más sensibles de la sociedad, los que son los artistas justamente, a pensar y a pensarse, a pensar su país, a pensar su papel y su rol en todo esto, las transformaciones del mundo y todas estas cosa
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Nadie está excluido de pedir a Dios, la puerta de la salvación está en abierta para todos los hombres
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Aunque era cierto que la gente cambiaba de la infancia a la edad adulta, existía, pese a todo, un núcleo invariable.
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De repente, volvió a abrir los ojos. Algo hizo que la bicicleta se detuviese en seco y lo último que recordaba era la tierra que se le venía encima a toda velocidad.
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El tiempo jamás había sido importante cuando él estaba a su lado. Años, días o semanas, todo se confundía en una mezcolanza en la que sólo importaba aquello: la palma de ella contra la suya. Por eso había sido tan dolorosa la traición. Ella había hecho qu
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Demasiado tiempo para pensar. Demasiado tiempo para sentir cómo el dolor retorcía cada uno de sus nervios. Tiempo para pensar en todo lo que había perdido... lo que iba a perder.
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Le daría las gracias por sus desvelos, por las reprimendas, por el destello de inquietud que veía en su mirada cuando temía que estuviese cometiendo un error. Le daría las gracias por todo lo que para ella fueron entonces ataduras y limitaciones.
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Por lo general, aquellas cavilaciones no lo llevaban más que a encogerse de hombros y a desecharlas como algo carente de importancia, pero en los períodos de depresión profunda que a veces sufría, podía sentir todo el peso de su limitación y desesperar al
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El argot, hijo mío, es un poco ese pariente tarambana a quien todos envidian y todos fingen despreciar.
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Los mismos cueros tenemos todos los mortales al nacer y sin embargo, cuando vamos creciendo, el destino se complace en variarnos como si fuésemos de cera y en destinarnos por sendas diferentes al mismo fin: la muerte.