Ponemos más interés en hacer creer a los demás que somos felices que en tratar de serlo.
Frases célebres sobre: tra. [Página 499]
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La felicidad reside en los gustos y no en las cosas; somos felices cuando tenemos lo que nos gusta y no cuando tenemos lo que los demás encuentran agradable.
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Hay varias clases de curiosidad; una, interesada, que nos lleva a desear aprender lo que nos puede ser útil; otra orgullosa, nacida del deseo de saber lo que otros ignoran.
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Nuestra envidia dura siempre más que la felicidad de aquellos a quienes envidiamos.
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No solemos considerar como personas de buen sentido sino a los que participan de nuestras opiniones.
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Se encuentran medios para sanar la locura, pero no se encuentran para enderezar una mente retorcida.
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La adulación es una moneda falsa que tiene curso gracias solo a nuestra vanidad.
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Bien...Yo siempre creí que toda confesión no transfigurada por el arte es indecente. Mi vida está en mis poemas, mis poemas son yo mismo, nunca escribí una coma que no fuese una confesión.
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El orgullo interviene más aún que la bondad en nuestras represiones a quienes han cometido algún yerro, y les reprendemos más que para corregirles, para convencerles de que estamos exentos de él.
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Carecemos de fuerza suficiente para seguir toda nuestra razón.
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El capricho de nuestro humor es aún más arbitrario que el de la suerte.
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Lo que hace que la mayoría de las mujeres sean tan poco sensibles a la amistad es que la encuentran insípida luego de haber probado el gusto del amor.
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Es una prueba de poca amistad no darse cuenta del retraimiento de la de nuestros amigos.
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Cuando no se encuentra descanso en uno mismo, es inútil buscarlo en otra parte.
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Prometemos según nuestras esperanzas y cumplimos según nuestros temores.
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Esa clemencia, de la que se hace una virtud, a veces se practica por vanidad, otras por pereza, a menudo por miedo, y casi siempre por esas tres razones juntas.
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Parece como si la naturaleza, que tan sabiamente dispuso los órganos de nuestro cuerpo para hacernos felices, hubiera querido darnos también el orgullo para evitarnos el dolor de conocer nuestras imperfecciones.
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Encontramos siempre fastidiosa la compañía de las per sonas que no nos permiten ser fastidiosos.
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Existe en el corazón humano una generación perpetua de pasiones, de tal manera que la ruina de una coincide casi siempre con el advenimiento de otra.
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Las pasiones engendran a menudo otras que son sus contrarias: la avaricia produce a veces la prodigalidad, y la prodigalidad la avaricia; a menudo somos firmes por ser débiles, y audaces por cobardía.