El mal que hacemos no nos atrae tanta persecución y tanto odio como nuestras buenas cualidades.
Frases célebres sobre: tras. [Página 88]
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El daño que hacemos no nos trae tantas persecuciones y odios como nuestras buenas cualidades.
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No solemos considerar como personas de buen sentido sino a los que participan de nuestras opiniones.
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El orgullo interviene más aún que la bondad en nuestras represiones a quienes han cometido algún yerro, y les reprendemos más que para corregirles, para convencerles de que estamos exentos de él.
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Prometemos según nuestras esperanzas y cumplimos según nuestros temores.
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Esa clemencia, de la que se hace una virtud, a veces se practica por vanidad, otras por pereza, a menudo por miedo, y casi siempre por esas tres razones juntas.
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Parece como si la naturaleza, que tan sabiamente dispuso los órganos de nuestro cuerpo para hacernos felices, hubiera querido darnos también el orgullo para evitarnos el dolor de conocer nuestras imperfecciones.
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Las pasiones engendran a menudo otras que son sus contrarias: la avaricia produce a veces la prodigalidad, y la prodigalidad la avaricia; a menudo somos firmes por ser débiles, y audaces por cobardía.
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Nuestro amor propio sufre con mayor impaciencia la condenación de nuestras aficiones que la de nuestras pasiones.
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A menudo nos avergonzaríamos de nuestras más bellas acciones si el mundo viera los motivos que las producen.
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Hay personas repulsivas con méritos, y otras que agradan con defectos.
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Mientras más se quiere a una mujer, más cerca se está de odiarla.
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Olvidamos nuestras faltas con mucha facilidad cuando sólo las conocemos nosotros.
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Las mujeres más virtuosas son como los tesoros ocultos: están a salvo mientras nadie los busca.
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La duración de nuestras pasiones depende tan poco de nosotros como la duración de nuestra vida.
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Las personas afortunadas se corrigen poco: Creen tener siempre razón mientras la fortuna sostiene su mala conducta.
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Más fácilmente resistimos a nuestras pasiones por su debilidad que por nuestra fuerza
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Nuestras fuerzas sobrepujan casi siempre a nuestra voluntad; el presentarnos a la imaginación propia como imposibles ciertas cosas, es solamente una excusa que nos ponemos a nosotros mismos
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Con frecuencia nos avergonzaríamos de nuestras más hermosas acciones, si el mundo supiera todos los motivos que las producen.
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La gratitud es como la buena fe de los mercaderes, que sostiene el comercio; y si pagamos, no es porque sea justo saldar nuestras cuentas, sino para encontrar más fácilmente gentes que nos presten.