El que haya visto alguna vez a una mujer haciendo limpieza general, comprenderá por qué los huracanes llevan nombre de mujer.
Frases célebres sobre: van. [Página 67]
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No son los golpes ni las caídas las que hacen fracasar al hombre; sino su falta de voluntad para levantarse y seguir adelante.
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Nunca des explicaciones. Tus amigos no las necesitan, y tus enemigos tampoco van a creerte de todos modos.
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Es el cambio, no el amor, lo que hace avanzar el mundo. El amor sólo lo mantiene habitado.
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Para los vanidosos todos los demás hombres son admiradores.
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Quien es un águila, puede lanzarse hacia la altura y avanzar sobre los serafines, por mil cielos.
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Los buenos libros realzan el carácter, depuran el gusto, despiertan repugnancia hacia los placeres groseros y nos levantan a una superior espera de pensamiento y acción
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La política es como patinar sobre ruedas. Se va en parte a donde se desea, y en parte a donde le llevan a uno esos malditos patines.
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Siempre se conservan las huellas de nuestro origen.
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Los viejos van a la muerte. La muerte va a los jóvenes.
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El mundo -dijo, continuando la línea de su pensamiento- ridiculiza las pasiones que rara vez siente; sus escenarios y sus intereses, distraen la mente, depravan el gusto, corrompen el corazón y el amor no puede existir para aquellos que han perdido la fe
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Si van a aplaudir, háganlo bien
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Aquellos que crean en la telequinesis, que levanten mi brazo.
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La vida es como un cesped en que estas postrado...levantate y aprovecha antes que el cesped te cubra...
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Ser pobre y parecerlo es el método más seguro para nunca levantar cabeza.
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El tema del aprendizaje, y en particular de las máquinas que aprenden a jugar, podría parecer un poco alejado de la religión. Sin embargo, hay un problema religioso para el que esas nociones son relevantes. Es el problema del juego entre el Creador y una
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En las montañas de la verdad nunca escalas en vano.
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Pero nuestra generación se ríe, y arrastrada por el orgullo y la vanidad, empieza una serie de nuevos errores, de los que con el tiempo se reirán asimismo nuestros descendientes.
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El mar agita sus crines plateadas y los desiertos y las ciudades se levantan.
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El tiempo ha llegado a ser para mí el bien supremo. Cuando veo a los hombres pasearse, vagar o malgastar el tiempo en discusiones vanas, me dan deseos de ir a una esquina a tender la mano como un mendigo: Dadme una limosna, buenas personas; dadme un poco