¿Quién elogió a los amantes en detrimento de los amados?
Frases célebres de Alejandra Pizarnik. [Página 3]
Alejandra Pizarnik fue una escritora argentina.
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Hay amor de la misma manera en que recién salí a la noche y dije: hay viento.
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La verdad: trabajar para vivir es más idiota que vivir. Me pregunto quién inventó la expresión ganarse la vida como sinónimo de trabajar. En dónde está ese idiota.
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Hubiera preferido cantar blues en cualquier pequeño sitio lleno de humo en vez de pasarme las noches de mi vida escarbando en el lenguaje como una loca.
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Una noche sexual es agonía, es muerte y es la única felicidad.
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Soy una cobarde. Lo sexual, para mí, es el único camino de iniciación. Yo a veces lo abandono por miedo. Así como para otros el ascetismo, para mí lo sexual.
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Pero no sé por qué me fascinan los que no me desean. Éste es mi emblema. Ésta es mi maldición. Cualquiera que te abandone logrará seducirte. Y viceversa.
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No es posible dejarse vencer y aniquilar por dos fantasmas. Si fueran muchos, en fin... Pero dos fantasmas.
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Los hombres no son felices y después mueren.
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El agua apaga. El fuego y el semen encienden.
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He pensado en la locura. He llorado rogando al cielo que me permitan enloquecer. No salir nunca de los ensueños. Ésta es mi imagen del paraíso.
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¿Por qué el amor de alguien a mí infunde en mí odio por ese alguien y por qué la indiferencia de cualquiera me fascina?
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Se ha dicho que el poeta es el gran terapeuta. En ese sentido, el quehacer poético implicaría exorcisar, conjurar y, además, reparar. Escribir un poema es reparar la herida fundamental, la desgarradura. Porque todos estamos heridos.
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Y yo sola con mis voces, y tú tanto estás del otro lado que te confundo conmigo.
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La rebelión consiste en mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos.
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Yo no se de pájaros, no conozco la historia del fuego. Pero creo que mi soledad debería tener alas.
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Recibe este rostro mío, mudo, mendigo. Recibe este amor que te pido. Recibe lo que hay en mí que eres tú.
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La noche de los dos se dispersó con la niebla. Es la estación de los alimentos fríos.
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Caer como un animal herido en el lugar que iba a ser de revelaciones.
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No querer más vivir sin saber qué vive en lugar mío ni escribir si para herirme la vida toma formas tan extrañas.