Un pensamiento sin voz. Libre. Dislocado de su propio nombre.
Frases célebres de Alejandro Lanús. [Página 3]
Texto en cursiva
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Tocar lo insondable y no regresar.
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Si mirara por tus ojos, y se extinguieran los míos, creo que no me afectaría.
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Todo está dentro de uno, hasta el espacio más remoto.
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Mi muerte, como la de muchos, es la no conciencia.
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El abyecto siempre es el mismo. El justo no siempre es justo.
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La hendidura tiene un guardián que no reconozco.
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Un vicio suele tener más vigor que varios talentos.
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Es el final del laberinto el que nos devuelve al punto de partida. Pero cada vez que encontramos la salida, el laberinto es otro.
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Le damos un nombre a todo. Y todo cambia, menos los nombres.
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Qué debo darte, ¿lo que siento o lo que necesitas?
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Mis debilidades son tan fuertes que no parecen debilidades.
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No precisa ir a ninguna parte. No está en ninguna parte.
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Tropecé con una piedra y caí al suelo. Tropecé con un punto y caí a un abismo.
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La melodía que nos lleva a la muerte es circular. ¿Cómo salir de un círculo?
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Mi mal conspira con otros males, y todos ellos conspiran contra mí.
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Lo que no sabemos de nosotros es lo que nos une. Y viceversa.
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Nada tiene fin ni finalidad. Pero todo se repite, invariablemente.
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Me reprocho todas esas cosas que no hice alguna vez, que son las cosas que jamás podré hacer. No comprendo: ¿por qué me reprocho lo que no hice alguna vez, si es aquello que jamás podré hacer?
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Una grieta me regresó al vacío inicial.