Hay que hablar de cosas serias en serio.
Frases célebres de Antón Chéjov. [Página 2]
Antón Pavlovich Chéjov fue un médico, escritor y dramaturgo ruso.
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He observado que después del matrimonio las personas dejan de ser curiosas.
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La felicidad no existe. Lo único que existe es el deseo de ser feliz.
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La brevedad es la hermana del talento.
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La fe es una aptitud del espíritu. Es, de hecho, un talento: se tiene que nacer con ella.
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La medicina es mi esposa y la literatura mi amante. Cuando me canso de una, paso la noche con la otra.
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La obras de arte se dividen en dos categorías: las que me gustan y las que no me gustan. No conozco ningún otro criterio.
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La pena capital mata de inmediato, mientras que la cadena perpetua lo hace lentamente. ¿Quién es más verdugo? ¿El que te mata en pocos minutos o el que tarda toda una vida?
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Las personas que viven solas siempre tienen algo en sus mentes que comparten voluntariamente.
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Los hipócritas pretenden ser palomas, políticos, literarios, águilas... Pero no se deje engañar por su apariencia, no son águilas, son ratas.
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Los hombres inteligentes quieren aprender; los demás, enseñar.
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Los infelices son egoístas, injustos, crueles e incapaces de comprender al otro. Los infelices no unen a las personas, las separan.
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Más vale un canario perverso que un piadoso lobo.
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No hay nada más terrible, insultante y deprimente que la banalidad.
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No puede ser hermoso lo que es grave.
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Si realmente reflexionas, todo es maravilloso en este mundo, todo, excepto nuestros pensamientos y acciones cuando nos olvidamos de reflexionar.
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Sólo durante los tiempos difíciles es donde las personas llegan a entender lo difícil que es ser dueño de sus sentimientos y pensamientos.
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Un perro hambriento sólo tiene fe en la carne.
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Las personas que viven solas siempre guardan en el alma alguna cosa que les gustaría contar.
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Cuando uno ama y quiere juzgar ese amor, hay que partir de un punto más elevado o más importante que la felicidad o la desdicha.