Perdí la cabeza en tu almohada.
Frases célebres de Armando Uribe Arce.
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Te amo y te odio. Dirás cómo es posible. No sé. Yo te amo y te odio.
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Como a un día de fiesta convocaste a mis miedos.
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Cuerpo, te pido por favor sepárate del alma, o sea muérete, sea un masivo ataque al corazón o sea lo que sea pero adrede.
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Aunque no crea en Dios, un Dios me crea.
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Me tomo un vaso de agua y muero en la sed de tu cuerpo.
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¡De dónde sacas tus señas gaviota de cumpleaños!
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Ay ángel sin pasión, ángel de los poetas, mira este tonto bueno, límpialo...
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Las ganas de morir y las de amar son mellizas que me aman.
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Mi voz dirá tu nombre e iniciales de dulzura caerán sobre mi pecho.
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Yo soy el eco, tú eres la palabra.
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Todas las cosas se perdonan por una noche de tus juegos...
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Mucho más que una última Thule europea, Chile ha sido, para los aborígenes del continente y los extranjeros llegados con el descubrimiento, la Conquista y la una finis terrae. Donde la tierra se acaba, donde el fuego se acaba, el ultimo cabo -Cabo de Horn
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La verídica poesía es uno de los medios privilegiados entre el inconsciente del poeta y ese objeto escrito y oral que es el poema, el cual pasa a producirse en la realidad externa y es una de las expresiones del inconsciente.
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No es el alcohol. Por desesperación me echo como una mancha por los suelos oscuros lisos y de noche con arrojo de borracho me absuelvo. La tontería prueba que hay Dios porque infinita y eternamente nueva ella misma se imita.
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Yo vivo a pie de página, soy una breve nota o menos, una referencia inexplicable, consonantes las iniciales, ni una imagen que de una pista, sólo flota en hoja de papel a punto, ausencia de puntuación, y afuera la vorágine.
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Los poemas han ido estableciendo las reglas. No hay poesía en verso sin alguna especie de ellas. Son necesarios el alfabeto, la gramática con la sintaxis, y de ahí para adelante, los elementos del lenguaje propuestos de una determinada forma.
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La dictadura no fue un error, tiene apellidos, como colas de rata o lagartija, y su elenco de honor para asesinos los regocija todavía, y dura indefinidamente; no fue un malentendido sino la voluntad de pasar una lija de hierro por encima de los niños.
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Camines donde camines, adonde camines, caminarás a la tumba, caminarás en la tumba.
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No lloremos al niño porque el niño es de plata; queda como un recuerdo prendido al corazón.