Créame que estoy agradecido por los sufrimientos que me deparó la suerte. Es lo que muchos no pueden comprender. Nada contribuyó tanto a hacerme artista, a permitirme imponer mi personalidad, a sustraerla de todos los desvíos capaces de debilitarla...
Frases célebres de Benito Quinquela Martín.
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La felicidad no consiste en poseer sino en dar y yo me siento feliz cuando veo que otros lo son por mi esfuerzo.
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Lo subjetivo y lo objetivo se complementan en el acto de la creación.
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La Boca es mi taller, mi refugio y mi modelo. Todo lo que hice y todo lo que conseguí es un premio a la fidelidad. En mi vida y en mi arte permanecí siempre fiel a mi gente, a mi puerto y a mi barrio.
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Desde muy chico garabateaba papel...Es una cosa que ha nacido conmigo, que me parece, por lo menos, que he venido haciendo toda la vida...
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Yo sólo pinto en mi país y dentro de mi país en mi barrio, La Boca y su puerto.
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Cuando empecé a pintar barcos noté que lo hacía con fluidez y alegría, me había encontrado.
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El arte, para mí, es un incontenible impulso interior que desaparece o se debilita cuando ando lejos de mis pagos...
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Sólo podía comunicar mi inquietud a la tela. Y por eso la volcaba íntegra en ella. ¡La tela que muchas veces no era más que una vieja tapa de cartón!
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Tardo mucho más para concebir una obra que para realizarla...En realidad, ya la tengo adentro al empuñar los pinceles, y tal vez por eso ejecuto tan rápidamente...
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Yo soy un pintor de barcos. Las mujeres para mí son tan importantes como los barcos. Y éste es el mejor elogio que puede hacerles un pintor del puerto. Yo las admiro tanto como las adoro, pero no me atrevo a pintarlas.
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Considero que el barco tiene tres momentos: el nacimiento en el astillero, la vida activa en las aguas y la muerte en el cementerio de barcos. Como los seres humanos los barcos pasan por tres etapas esplendor, reparación y cementerio.
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Hubo una época primera, muy corta de tanteos, en la que ensayé todo, acuarela, pastel, óleo, y busqué distintos temas, hice desde ratones hasta paisajes, cabezas de mis compañeros del puerto y desnudos, hasta que al fin encontré mi mundo.
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El color no tiene fin. Cada color expresa un momento, una emoción y como yo quiero rendir homenaje a los colores aún después de muerto, pinté yo mismo mi ataúd con los colores argentinos por dentro, y por fuera con los siete del arco iris.
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La compra la hice con el dinero que gané en España, aquella casa era un regalo que España me había hecho a mí y que yo transferí a mis viejos. Desde entonces, pude decir con todo fundamento, que nuestra casa era en verdad la Casa de España.
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El color nace con uno, es instintivo, elegí el color para las flores y el paisaje, para mis barcos y mis cielos, para este riachuelo que prolonga mi vida hacia un río de cambiantes tonos. El color nunca muere, y yo entre colores seguiré viviendo, iré pren
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Y cada vez que partí llevé conmigo la imagen de mí barrio, que fui mostrando y dejando en las ciudades del mundo. Fue así como un viajero que viajaba con su barrio a cuestas. O como esos árboles trasplantados que sólo dan fruto si llevan adheridas a sus r
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El puerto de La Boca es mi gran tema, el que concuerda más con mi sensibilidad y no saldré de él. Cada artista debe consagrarse a lo suyo: lo esencial no es renovar los temas sino renovarse uno mismo, dentro de los temas crear nuevos mundos sin salir de e
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¿Ve usted aquellos hombres que descargan carbón? Yo también lo hice. Yo también descargué carbón de los barcos anclados en La Boca. Mis hombros saben cómo los encorva aquella faena prolongada bajo un sol calcinante. Eso era trabajar para poder trabajar má
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Mi pulso es enérgico y necesito un instrumento de fuerte temple. Hago rebajar una cuchara de albañil y me presta excelente servicio. Esta espátula da en un mismo golpe, según la presión, gamas colorística que no se obtienen con el pincel. Permite pocos re