Estas páginas accesorias con las que suele ser costumbre presentar las nuevas salidas de los libros, se agostan sobre la marcha y con ellas no valen vitaminas, ni testovirones, ni paños calientes.
Frases célebres de Camilo José Cela. [Página 3]
Camilo José Cela Trulock, primer marqués de Iria Flavia . Autor enormemente prolífico, novelista, periodista, ensayista, editor de revistas literarias, conferenciante, académico español, Premio Príncipe de Asturias de las Letras 1987 y premio Nobel de Lit
-
-
¿Para qué es oro el tiempo más que para verlo pasar acariciándolo?
-
También hay relojes de sangre; la gente suele llamarles el corazón
-
... el decir no es sólo una de las cosas que hace el hombre sino, quizás, la única cosa que el hombre hace.
-
En los triunfos anida siempre el cauteloso germen de la derrota.
-
No hay violencia admisible aun la violencia puesta al servicio de la causa justa, concepto que el ser humano puede creer pero no precisar.
-
El argot, hijo mío, es un poco ese pariente tarambana a quien todos envidian y todos fingen despreciar.
-
La castidad enmohece.
-
Es grave confundir la anestesia con la esperanza; también lo es tomar el noble rábano de la paciencia por las ruines hojas lacias, ajadas, trémulas- de la renunciación.
-
No hay fórmula más eficaz para que una idea germine, que la de bañarla en sangre o cerrarla bajo siete llaves.
-
La duda, esa vaga nubecilla que, a veces, habita los cerebros, también puede entenderse como un regalo. Y no es -lo que queda dicho- una aseveración, ya que, sobre ella, tengo también mis dudas.
-
En ocasiones pienso que el premio de quienes escribimos duerme, tímido y virginal, en el confuso corazón del lector más lejano.
-
Mienten los que quieren disfrazar la vida con la máscara loca de la literatura.
-
Si la Virgen de Covadonga es pequeñina y galana, ¡QUE SE JODA!
-
La cultura y la tradición nunca son ideológicas, siempre son instintivas.
-
Es mejor y más sano para el alma, se dijo hace ya tiempo, gastarse que enmohecerse.
-
Una huelga de intelectuales, que es un supuesto improbable, paralizaría la marcha del mundo.
-
Los mismos cueros tenemos todos los mortales al nacer y sin embargo, cuando vamos creciendo, el destino se complace en variarnos como si fuésemos de cera y en destinarnos por sendas diferentes al mismo fin: la muerte.
-
Cuando las deudas no se pagan porque no se puede, lo mejor es no hablar de ellas y barajar.
-
Para escribir sólo hay que tener algo que decir.