El lenguaje es lo más humano que existe. Es un privilegio del hombre... Cada palabra lleva consigo una vida, un estado, un sentimiento.
Frases célebres de Carmen Conde.
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Esta civilización de hombres nos ha llevado a la ruina. Y las mujeres no hemos contribuido a ella. Ninguna mujer es responsable de los últimos descubrimientos, porque una mujer no inventa ni descubre algo que mata.
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¿Reír, cantar, estremecernos libres de desear y ser mucho más que la vida? No. Ya lo sé. Todo es algo que supe y por ello, por ti, permanezco en el mundo.
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Por ello amo la noche, cima donde se me da su gracia. Ni desnudez ni ropaje. El llega a las cuevas de mi corazón alargando las galerías redondas de mis ojos. Yo le penetro como espada suya a cambio de la claridad con que él me traspasa.
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La poesía es el sentimiento que le sobra al corazón y te sale por la mano.
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Esperar es peor que nacer, porque solamente espera el que se muere de esperar sin hacerse con la vida otra cosa que esperar.
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Acércate. Junto a la noche te espero. Nádame. Fuentes profundas y frías avivan mi corriente.
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Yo soy más fuerte que tú, porque me apoyo en ti.
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No se acaban tus ojos; son los otros los ciegos.
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Tu pecho, el que suspira, ajeno, estremecido de cosas que tú ignoras, de mundos que lo mueven...
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¡Tú no te acabas nunca, tú no te apagas nunca! Aquí tenéis la lumbre, la que lo coge todo para quemar el cielo subiéndole la tierra.
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Me abandono en tu mar, me dejo tuya como darse hay que hacerlo para serte.
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¡Qué mío tu vivir y qué mía tu muerte viniéndote de mí, muriéndome contigo!
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¡Qué sorpresa tu cuerpo, qué inefable vehemencia! Ser todo esto tuyo, poder gozar de todo sin haberlo soñado.
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Encerrarte en palabras... ¡Que tú, tú, quepas en verbos, nombres, y adjetivos intactos! Que yo lo pueda decir todo: lo nuestro, esto que hacemos y estaremos haciendo siempre, eternísimamente: hablar, callar, ser tú y yo siéndonos nuestros. Yo no te pregun
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Tus ojos son las fuentes donde beben los tigres, que cuando tienen sed no respetan las selvas.
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Desnuda y adherida a tu desnudez. Mis pechos como hielos recién cortados, en el agua plana de tu pecho. Mis hombros abiertos bajo tus hombros. Y tú, flotante en mi desnudez.
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¡Momento agotado del mundo, éste en que te sé lejos de mí!
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He venido a quererte, a que me digas tus palabras de mar y de palmeras.
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Inmerso en mi silencio eres el cielo que sostiene un arroyo, que levanta un árbol. En que un lucero corta su voz de eternidad.