La finalidad del castigo es asegurarse de que el culpable no reincidirá en el delito y lograr que los demás se abstengan de cometerlo.
Frases célebres de Cesare Beccaria.
Cesare Bonesana, marqués de Beccaria , fue un literato, filósofo, jurista y economista italiano. Su obra principal, De los delitos y las penas (Dei deletti e delle pene, 1764) fue uno de los primeros alegatos contra la pena de muerte, e inspiró reformas e
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Ni el Grande, ni el Rico deben satisfacer por precio los atentados contra el flaco y el pobre; de otra manera las riquezas, que, baxo la tutela de las Leyes, son el premio de la industria, se vuelven alimento de la tyranía. No hay libertad, quando algunas
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Ningún hombre ha dado gratuitamente parte de su libertad propia con solo la mira del bien público: esta quimera no exîste sino en las novelas. Cada uno de nosotros querria, si fuese posible, que no le ligasen los pactos, que ligan á los otros. Qualquiera
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Toda pena dice el gran Montesquieu que no se deriva de la absoluta necesidad, es tyránica: proposición que puede hacerse más general de esta manera. Todo acto de autoridad de hombre á hombre, que no se derive de la absoluta necesidad, es tyránico.
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Las personas tomar caminos diferentes buscando su realización y felicidad. Sólo por el hecho de no estar en tu camino no significa que están perdidos.
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Felicidad es tener buena salud y mala memoria.
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Cuando las leyes son claras y precisas, la función del juez no consiste más que en comprobar un hecho.
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La pena de muerte es la guerra de una nación contra un ciudadano cuya destrucción es para los jueces necesaria o útil.
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¿Queréis prevenir los delitos? Haced que las leyes sean claras, sencillas, y que toda la fuerza de la nación se encuentre condensada para defenderlas, sin que, por el contrario, ninguna parte de la misma se emplee en destruirlas. Haced que las leyes favor
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Los delitos deben ser calificados según el daño infligido a la sociedad.
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Todo acto de autoridad de hombre á hombre, que no se derive de la absoluta necesidad, es tiránico.
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Toda pena dice el gran Barón de Montesquieu que no se deriva de la absoluta necesidad, es tiránica: proposición que puede hacerse más general de esta manera.
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La pena de muerte se convierte en un espectáculo y en un motivo de compasión desdeñosa para algunos; ambos sentimientos ocupan más el ánimo de los espectadores que no el saludable temor que pretende inspirar la ley.
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Los hombres, abandonados a sus sentimientos evidentes, gustan que las leyes sean crueles, aun cuando, sujetos a las mismas, a cada uno de ellos le interesaría que fuesen moderadas, por ser mayor el temor de sufrirlas que los deseos de ofenderlas.
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Un gobierno sabio no sufre el ocio político en el seno del trabajo y de la industria. Yo llamo ocio político a todo aquello que no contribuye a la sociedad ni con el trabajo ni con la riqueza.
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Prohibir una multitud de acciones indiferentes, no es prevenir los delitos que puedan nacer de aquéllas, sino crear otros delitos nuevos.
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¿Queréis prevenir los delitos? Haced que la ilustración acompañe a la libertad. Los males que nacen de los conocimientos están en razón inversa de la difusión de los mismos, y los bienes lo están en razón directa.
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Feliz es una nación si no tiene historia.
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Es imposible no asignar a la violación del derecho de seguridad contra su vida y propiedad adquirido por todo ciudadano alguna de las penas más considerables.
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Parece un absurdo que las leyes, esto es, la expresión de la voluntad pública, que detestan y castigan el homicidio, lo cometan ellas mismas, y para separar a los ciudadanos del intento de asesinar ordenen un público asesinato.