No reneguéis la inmortalidad del alma.
Frases célebres de Conde de Lautréamont. [Página 2]
Isidore Lucien Ducasse , más conocido por su seudónimo de Conde de Lautréamont (en francés, Comte de Lautréamont), fue un poeta franco-uruguayo. Desconocido durante su corta vida, llevó a extremos inéditos el culto romántico al mal y es considerado precur
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Es aquí donde reside la sabiduría de los pueblos.
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Para los valientes el encanto de la muerte no existe.
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La desesperación es el más pequeño de nuestros errores.
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La moderación de los grandes hombres sólo limita sus virtudes.
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No soy todavía un esqueleto y la vejez no se ha pegado a mi frente.
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Nada menos extraño que las contradicciones que se descubren en el hombre.
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Se dicen cosas sólidas cuando no se procura decir con ellas cosas extraordinarias.
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La generosidad disfruta de las felicidades ajenas, como si fuera responsable de ellas.
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Los hombres que no se baten en duelo creen que los que se baten en duelo a muerte son valerosos.
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El juicio es infalible.
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¡Adiós! ¡Adiós! ¡Te amaré siempre! Desde ahora, abandono la virtud.
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Todo el agua del mar no bastaría para lavar una mancha de sangre intelectual.
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No conozco obstáculo que supere las fuerzas del espíritu humano, salvo la verdad.
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La duda es un homenaje tributado a la esperanza. No es un homenaje voluntario. La esperanza no admitiría ser sólo un homenaje.
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El verdadero dolor es incompatible con la esperanza. Por muy grande que sea ese dolor, la esperanza aún se alza a cien codos más arriba.
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Solamente admitiendo la noche físicamente, se le ha llegado a aceptar moralmente. ¡Oh, noches de Young! ¡Cuántas jaquecas me habéis causado!
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¡No hagáis como esos exploradores sin pudor, espléndidos de melancolía a sus ojos, que encuentran cosas desconocidas en sus espíritus y en sus cuerpos!
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Varias cosas ciertas son contradichas. Varias cosas falsas no son contradichas. La contradicción es la señal de la falsedad. La no contradicción es el signo de la certeza.
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Vuestro espíritu es arrastrado continuamente fuera de sus casillas y, sorprendido en la trampa de las tinieblas, construido con arte grosero por el egoísmo y el amor propio.