Quien aprende, no por ello penetra hasta la verdad; quien penetra hasta la verdad, no por ello es capaz de afianzarla; quien la afianza, no por ello está en condiciones de sopesarla en cada circunstancia particular.
Frases célebres de Confucio. [Página 14]
Confucio (tradicionalmente 28 de septiembre de 551 a. C. - 479 a
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Sólo quien no repara la falta que ha cometido no se enmienda incurre de veras en falta.
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Yo no imparto enseñanza al que no se esfuerza sinceramente en aprender.
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Si uno se sabe de memoria las trescientas piezas del cancionero, pero cuando se le encargan las funciones de gobierno no es capaz de desempeñar el puesto, o mandado en calidad de enviado al extranjero no se sabe contestar por sí mismo, ¿de qué sirve tanta
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Deben imponerse castigos cuando convenga. La fidelidad no es contraria a una justa corrección.
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No debe afligirnos el que los hombres no os conozcan. Lo lamentable es que no seáis dignos de ser conocidos por los hombres.
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El noble sólo busca la verdad y no se aferra con ciega obstinación a su criterio.
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Transmitid la cultura a todo el mundo, sin distinción de razas ni de categorías.
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Las palabras han de expresar con fidelidad nuestro pensamiento.
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Si se mata una gallina, ¿Para qué utilizar un cuchillo, que sirve para matar bueyes?
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Aún las profesiones más humildes son dignas de respeto.
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Las desgracias, al igual que la fortuna, sólo llegan cuando las hemos buscado con nuestros actos.
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Lo que hagáis, a vosotros os pertenece; yo sólo debo responder de mis propios actos.
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Es preciso que los hombres conozcan el mal para poder evitarlo y entregarse a la práctica del bien.
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El cielo gobierna los acontecimientos del mundo sin ser visto; esta acción oculta del cielo es lo que se llama el destino.
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Nadie debe comer sin habérselo ganado.
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El que no es fiel y sincero con sus amigos, jamás gozará de la confianza de sus superiores.
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Cuando el reino es administrado con justicia y equidad, bastará su palabra para que le sea conferida la dignidad que merece; cuando el reino sea mal gobernado, y se produzca disturbios y sediciones, bastará su silencio para salvar su persona.
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La cortesía que debe presidir nuestras actuaciones cotidianas se fundamenta principalmente en el respeto y comprensión hacia todos.
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Conocer lo que es justo y no practicarlo es una cobardía.