Si me quieres, quiéreme entera, no por zonas de luz o sombra... Si me quieres, quiéreme negra y blanca. Y gris, y verde, y rubia, quiéreme día, quiéreme noche... ¡Y madrugada en la ventana abierta!
Frases célebres de Dulce María Loynaz.
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Hay algo muy sutil y muy hondo en volverse a mirar el camino andado... El camino en donde, sin dejar huella, se dejó la vida entera.
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No es difícil llorar en soledad, pero es casi imposible reír solo
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Dulzura del olvido como un rocío leve cayendo en la tiniebla...
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Hombre del sol, sujétame con tus brazos fuertes, muérdeme con tus dientes de fiera joven, arranca mis tristezas y mis orgullos, arrástralos entre el polvo de tus pies despóticos. ¡Y enséñame de una vez, ya que no lo sé todavía, a vivir o a morir entre tus
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Fuera de ti ha de sobrarme el mundo como le sobra al río el aire, al mar la tierra, a la espada la mesa del convite.
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Amor es desenredar marañas de caminos en la tiniebla: ¡amor es ser camino y ser escala!
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El beso que no te di se me ha vuelto estrella dentro... ¡Quién lo pudiera tornar -y en tu boca- otra vez beso!
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Quién pudiera como el río, ser fugitivo y eterno.
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No te nombro; pero estás en mí como la música en la garganta del ruiseñor aunque no esté cantando.
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Voy a medirme el amor con una cinta de acero: Una punta en la montaña. La otra... ¡Clávala en el viento!
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Nadie escucha mi voz, si rezo o grito: soy isla asida al tallo de los vientos.
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Yo no sé de árbol fuerte más fuerte que su alma...
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Si yo no hubiera sido, el alma mía repartida pondría en cada cosa una chispa de amor...
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Para ti lo infinito o nada; lo inmortal o ésta muda tristeza que no comprenderás...
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Miro siempre al sol que se va porque no sé qué algo mío se lleva.
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Siempre, amor... ¡Y estas dos palabras naufragas, entre alma y piel clavadas contra el viento!
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¿Y esa luz? Es tu sombra.
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De noche el reloj que late es el corazón del tiempo.
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Eres de la raza del sol: moreno, ardiente y oloroso a resinas silvestres.