El poeta es un rey en su reino. Su imperio es la imaginación, en la que hay mansiones ilimitadas.
Frases célebres de Elfriede Jelinek.
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Un escritor nunca debe comprometerse con los poderosos, con los gobernantes. Debe criticarles. Ese es su deber.
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Todo hombre desea poseer a todas las mujeres del mundo, pero la mujer sólo quiere al hombre que ama y al que le es fiel.
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En esta nueva era, lo que te hace libre es el conocimiento, no el trabajo.
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Quien no habla puede pensar.
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Arte y orden, parientes enemistados.
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No tiene historia y tampoco hace historias.
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El tiempo es una terrible planta devoradora.
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Miente como un libro. Y él lee muchos libros.
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Busca alguien que no lo contradiga. Por eso busca a alguien que no lo entienda.
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Lo inmensurable, lo invaluable son para mí los criterios para enfrentarse al arte.
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Gratis es solo la muerte y esta cuesta la vida; y todo tiene un final y sólo las salchichas tienen dos.
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El valor femenino disminuye de forma irrevocable en la misma medida que aumentan los años y la inteligencia.
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Si alguien tiene un destino, entonces es un hombre. Si a alguien se le impone un destino, entonces es una mujer.
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La mujer espera y espera, todo en vano. Y no pregunta por qué espera, ya que teme más la respuesta que la espera.
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Todo propietario aprende ya desde un comienzo y con sufrimientos: la confianza es buena, pero ha de haber control.
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Hay en él un heroísmo solitario. Solitario porque nadie lo advierte y hasta el heroísmo más evidente pierde su valor si pasa inadvertido.
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Desprecia a dos clases de personas: en primer lugar aquel que tiene su casa, su coche y su familia, y en segundo lugar, a todas los demás.
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Estos bellos ejemplares del género humano en el cine del centro de la ciudad actúan sin ningún tipo de dolor y sin la posibilidad de sentir dolor. Todo es plástico. En sí mismo el dolor no es más que una consecuencia del deseo de placer, de destrucción, d
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El instinto de la manada siempre lleva a valorar muy alto lo mediocre. Lo aprecia como algo valioso. Creen que son fuertes porque representan a la mayoría. En las capas medias no existen la sorpresa ni el temor. Se empujan unos contra otros para sentir la