La sinceridad la inventó uno que quería amargarle la vida al prójimo.
Frases célebres de Enrique Jardiel Poncela. [Página 3]
Enrique Jardiel Poncela . Dramaturgo y narrador cómico español.
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La sociedad es un organismo podrido que se conserva bajo el hielo de la hipocresía.
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La vida es con frecuencia terriblemente desagradable; pero por muy desagradable que la vida sea, no hay vida tan agradable como la vida que pasa un hombre que estima que lo más agradable de la vida es la vida.
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La vida está llena de sorpresas y de protozoos del paludismo.
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Las casas de los dentistas y los teatros de variedades se parecen en que las estrellas se ven al final.
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Lo único que no se ve es lo que está al alcance de la vista.
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Lo vulgar es el ronquido, lo inverosímil, el sueño. La humanidad ronca, pero el artista está en la obligación de hacerla soñar o no es artista.
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Los cobardes prefieren la paz a la victoria.
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Los dentistas, como los toreros, se pasan la vida pinchando en hueso.
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Los muertos, por mal que lo hayan hecho, siempre salen en hombros.
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No hay mejor fragata que un libro para llevarnos a tierras lejanas.
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No se sabe nada de la muerte: en el más allá hay censura gubernativa.
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Para encontrar gusto a la vida, no hay como morirse.
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Para ser moral basta proponértelo; para ser inmoral hay que poseer condiciones especiales.
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Patrimonio es un conjunto de bienes; matrimonio es un conjunto de males.
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Se es más esclavo de los débiles que de los fuertes.
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Se llama experiencia a una cadena de errores.
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Ser ateo es tenerse a sí mismo por un dios.
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Si el hombre supiera divertirse no sentiría la necesidad de trabajar.
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Si queréis los mayores elogios, moríos.