La despedida produce un gran consuelo. Es corriente que los seres que esperan hayan visto al ser querido por última vez cuando estaba en la cama, sufriendo y rodeado de los tétricos implementos de la habitación de un enfermo o de un hospital. Aquí vuelven
Frases célebres de Evelyn Waugh.
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La puntualidad es la virtud de los aburridos.
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La principal incapacidad de las tortugas como animales de carreras no estriba tanto en su lentitud como en su confuso sentido de la dirección.
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Pero en aquellos días yo iba en busca del amor, y me presenté lleno de curiosidad y de la aprensión -no reconocida por mi parte-, de que, allí, por fin, descubriría esa puerta baja escondida en el muro que otros, lo sabía, habían descubierto antes que yo,
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Solamente con que los políticos y los científicos fueran un poco más vagos, ¿cuánto más felices seríamos todos?
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Creo que la amistad entre el hombre y el perro no sería duradera si la carne de perro fuera comestible.
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No creo que la amistad entre el hombre y el perro fuera duradera si la carne del perro fuera comestible.
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Si sólo los políticos y científicos fueran un poco más vagos, ¡cuánto más felices seríamos todos!
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No pienso consentir que me llame mujer en mi propia casa, dijo ella.
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Vanidad de vanidades, todo es vanidad.
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Es maravilloso comenzar el día sabiendo que vas a dar una alegría a un alma en pena.
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Lo malo de la educación moderna es que nunca se sabe hasta qué punto la gente es ignorante.
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Yo diría sin lugar a dudas que no hay otra cosa más digna que ayudar al prójimo sin tener en cuenta banales prejuicios humanos. La única explicación que yo encuentro a tu cambio de actitud es la de que tú no quieres a este hombre como él tiene derecho a e
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La mente del hombre no tiene estado legal. ¿Quién puede decir quién es más libre, yo o el inmortal emperador?
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Podía decirle también que conocer y amar a otro ser humano, aunque sea uno solo, es la raíz de toda sabiduría.
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¡Cuántos corazones se aceleraban aún bajo delantales manchados de pintura al pensar en esta vida de actividad artística!
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Por encima de todo el parloteo de su época y la nuestra, Elena hace una afirmación paladina. Y sólo en ésta yace la esperanza.
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En cuanto a París, es una ciudad muy notable y tiene que soportar las etiquetas románticas que le imponen toda clase de personas.
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He vivido con cuidado, me he abrigado de los vientos fríos, he comido con moderación los frutos de la temporada, he bebido buen clarete, dormido en mis propias sábanas; viviré mucho tiempo.
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No es de extrañar que troyanos y griegos empuñen las armas por la princesa Helena, que respira el aire del alto Olimpo. Siéntate, niña querida; esta guerra no es tuya, sino de los Inmortales.