Cuida los minutos, que las horas ya cuidarán de sí mismas.
Frases célebres de Felipe Stanhope de Chesterfield.
Philip Dormer Stanhope , Cuarto Conde de Chesterfield, fue un estadista británico y hombre de letras, famoso por las Cartas a su hijo, recopilación de la correspondencia que mantuvo con su hijo natural.
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El carácter no sólo debe conservarse limpio, sino brillante.
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El conocimiento del mundo debe ser adquirido solamente en el mundo y no en un armario.
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El estilo es el ropaje del pensamiento; y un pensamiento bien vestido, como un hombre bien vestido, se presenta mejor.
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El hombre odia a quien le hace sentir su propia inferioridad.
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El ingenio es una brillante cualidad que todo el mundo admira; la mayor parte de la gente quiere tenerlo, todo el mundo lo teme, y unos pocos lo aman, al menos, en sí mismos.
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El placer es momentáneo, el coste es exorbitante, la postura, ridícula.
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El sentido común es el mejor sentido que conozco.
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En la vejez la ciencia es para nosotros un cómodo refugio; y si no la plantamos de jóvenes, no nos dará sombra cuando seamos viejos.
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Enojarse es castigarse a si mismo por faltas ajenas.
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Es imposible elevarse en este mundo sobre los demás sin dignidad de carácter.
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Escoge tus placeres por ti mismo y no dejes que se impongan sobre ti.
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Habrá amigos que nos declaren sin reservas nuestras faltas y, sin embargo, no se decidirán a hacernos mención de nuestras locuras.
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Has de ser más sabio que los demás, si puedes, pero no lo digas.
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La astucia es el oscuro santuario de la incapacidad.
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La cultura se adquiere leyendo libros; pero el conocimiento del mundo, que es mucho más necesario, sólo se alcanza leyendo a los hombres y estudiando las diversas ediciones que de ellos existen.
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La gente, en general, soporta mucho mejor que se hable de sus vicios y crímenes, que de sus fracasos y debilidades.
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La gente odia a quien le hace sentir la propia inferioridad.
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La vejez no mejora el corazón: lo endurece.
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Lleva tu cultura discretamente, como llevas tu reloj en el bolsillo, sin sacarlo a cada rato simplemente para demostrar que lo tienes. Si te preguntan qué hora es, dilo; pero no lo proclames continuamente y sin que te lo pregunten, como hace el sereno.