Hombre claro, según en lo que haya que creer, si hay que creer en el paraíso de Mahoma pues a mi me gustaría ser creyente ... Esto es como decir en la vida real, le voy a explicar a usted una cosa: Los imbéciles no sufren, ¿a usted no le gustaría ser imbé
Frases célebres de Fernando Fernán Gómez.
Fernando Fernández Gómez, conocido artísticamente como Fernando Fernán Gómez , fue un escritor, actor, guionista, director de cine y de teatro español. Fue miembro de la Real Academia Española durante siete años, en la que ocupó el sillón B desde su ingre
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Con esto, yo lo que quiero es dar una lección, por mis muchos años, yo puedo permitir este gusto, a todos los que creen que el futuro esta en sus manos y no en las manos, de los que se han apoderado del futuro de todos nosotros.
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Sí señor, desgraciadamente soy una persona maleducada. No soy como usted. ¡Haga el favor de dejarme en paz! ¡Déjeme en paz! ¡Pues déjeme de admirar! ¡Váyase a la mierda, a la mierda!
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El cine es un vehículo de expresión, pero no estoy muy seguro de que sea un arte.
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El trabajo es un castigo. La Biblia lo dice. Lo impuso Dios y, que sepamos, no lo ha levantado.*Ellas mi madre y mi abuela se esforzaban en que me pareciera natural el hecho de no tener padre y yo me esforzaba en que ellas no se dieran cuenta de que yo me
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En el oficio de actor el éxito o el fracaso suelen venir muy acompañados de la casualidad.
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En España no solo funcionan mal los que mandan, sino también los que obedecen.
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Hacia la mitad del camino de mi vida, una mujer bellísima y muy inteligente con la que había tenido escasos días de intimidad me dijo mirándome con su mirada inolvidable: 'A ti no se te puede destruir Fernando. Tú ya estás destruido.
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¿La amistad entre un hombre y una mujer? Sí, la entiendo, mientras no sea yo el amigo.
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Las mujeres bondadosas no suelen tener gancho; las que lo tienen son las que te pueden destruir, como la Dietrich.
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Me gusta rodearme de mujeres atractivas y, dentro de ellas, prefiero la más atractiva; una mujer culta me puede servir para que me dé clases de filosofía medieval, pero nada más.
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Me gustaría solo escribir, no actuar.
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Me he sentido más satisfecho como actor que como director, quizá tengo un mayor dominio de esta primera profesión.
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Me retiré del teatro porque los espectadores me molestaban.
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Mi proyecto vital ha sido vivir de rentas, pero no lo he logrado.
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No es que quisiera ser actor de cine, es que quería ser Clark Gable. Esto es lo que quería, y no nada más puro o más profundo.
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No soy un malhumorado. Tengo el carácter variable y algún pronto que no resulta peligroso.
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Seis, ocho millones de espectadores. Son cifras con las que nunca pudo soñar ningún director teatral o novelista, y menos aún Esquilo, Sófocles o Eurípides.
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Si de mí se dice que soy un señor impertinente y maleducado, pues... es verdad. Lo que no es verdad es que lo sea ahora. Ya de pequeño me liaba a patadas con los profesores; por lo visto era con los pies con los que me defendía. Y yo cuando lo digo pienso
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Tengo fama de gruñón. Lo reconozco y al mismo tiempo lo lamento. En cualquier caso, ya no estoy en edad de corregirme.