Estaba loco de amor..., y por esa causa y también por otras muchas cosas, era capaz de todos los crímenes.
Frases célebres de Gastón Leroux.
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Me voy de viaje. No podría decirle cuánto tiempo estaré ausente; tal vez uno, dos o tres meses... Tal vez no vuelva nunca...
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¡Usted no me quiere ni me ha querido nunca! ... ¿Por qué entonces con su actitud, con la alegría de su mirada, con su mismo silencio me permitió usted concebir todas las esperanzas?
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Gran artista como era, descubrió que, sencillamente, aquella dulce y suave criatura había llevado aquella noche al escenario de la Opera algo más que su arte, es decir, su corazón.
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¿Lloras? ¿Tienes miedo de mí? Sin embargo, en el fondo, no soy malo. Ayúdame y verás. ¡Sólo me ha faltado ser amado para ser bueno!
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¡Se suele olvidar tan rápido en París!
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Se encuentra frente al gran misterio... Al que hace temblar a la humanidad desde su origen: ¡lo desconocido!
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¿Te imaginas quizá que llevo otra careta y que esto... esto... mi cara es una máscara?
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La vecindad de semejante compañero, lejos de anonadarme, me inspiraba un terror magnifico.
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Era un gran artista en su género, y él lo sabía; se podía percibir que tenía una elevada idea de sí mismo.
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Nada había tan frío ni tan muerto como su corazón.
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Cuando alguien se precipita a los brazos de la justicia, con tantas pruebas de complicidad en su contra, es porque no es cómplice.
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El tono de su conversación era el de una persona escéptica y desengañada. Su extraña profesión le había hecho frecuentar tantos crímenes y bajezas, que habría resultado inexplicable que no le endureciera un poco los sentimientos.
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Nuestro deseo, nuestra voluntad de saber, deben ser para ella un suplicio más. ¿Quién nos asegura que, si nos enteramos, el hecho de conocer su misterio no sea el comienzo de un drama más espantoso que los que ya se produjeron aquí?
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La trivialidad del verso y la vulgaridad casi popular de la melodía parecían tanto más convertidas en belleza por un soplo que las levantaba y arrebataba al cielo en las alas de la pasión. Porque aquella voz angélica glorificaba un himno pagano.
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¡Cuántos dramas de familia, cuántas tragedias sangrientas había producido aquel monstruo con sus trampas! Tenía invenciones sorprendentes. Y, sin duda, que la más curiosa, la más horrible, y la más peligrosa de todas, era la cámara de los suplicios.
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Hay una música, Cristina, tan terrible que consume a todos los que la conocen. Usted no ha oído todavía esa música, felizmente, porque le quitaría sus frescos colores y nadie la reconocería al volver a la vida de París. Cantemos ópera, Cristina Daaé.
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Los acontecimientos de que era víctima me acercaban singularmente al pensamiento del poeta y encontré acentos que hubieran deslumbrado al músico. En cuanto a él, su voz era poderosa y su alma vengativa apoyaba todas las notas, aumentando terriblemente su
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Me acercaba a él, atraída, fascinada, encontrándole encantos a la muerte en el centro de semejante pasión, pero antes de morir quería conocer, para llevar su imagen sublime en mi mirada, sus facciones desconocidas que debía transfigurar el fuego del arte
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No tengo la pretensión de ser un escritor. Quien dice escritor dice, casi siempre, novelista y, ¡por Dios!, el misterio del Cuarto Amarillo está lo suficientemente cargado de trágico horror real como para precisar de la literatura. No soy y no quiero ser