Estoy perdido para el mundo, aunque mi reino sean todos los mundos posibles, porque yo soy el testigo de mi propia creación. Mi creación es mi pasión. Por eso hago soplar los vientos para que den testimonio de mis llamas.
Frases célebres de Gonzalo Rojas.
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Te juré no escribirte. Por eso estoy llamándote en el aire para decirte nada, como dice el vacío: nada, nada, sino lo mismo y siempre lo mismo de lo mismo que nunca me oyes, eso que no me entiendes nunca, aunque las venas te arden de eso que estoy diciend
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Peleas. Duermes. Comes. Engendras. Envejeces. Pasas al otro día.
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Víctima del desorden que impide el desarrollo de mi mundo, no me lamento de esto ni lo otro. Sufro, velo y trabajo como si cada noche tuviera que morirme, porque debo ganarme la vida para siempre.
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Sin tener qué decir, pero profundamente destrozado, mi espíritu vacío llora su desventura de ser un soplo negro para las rosas blancas, de ser un agujero por donde se destruye la risa del amor, cuyos dos labios son la mujer y el hombre.
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Vivo en la realidad. Duermo en la realidad. Muero en la realidad. Yo soy la realidad. Tú eres la realidad. Pero el sol es la única semilla. ¿Qué eres tú? ¿Qué soy yo sino un cuerpo prestado que hace sombra? La sombra es lo que el cuerpo deja de su memoria
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¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios: la luz terrible de la vida o la luz de la muerte? ¿Qué se busca, qué se halla, qué es eso: amor? ¿Quién es? ¿La mujer con su hondura, sus rosas, sus volcanes, o este sol colorado que es mi sangre furiosa cuando entro en
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¿Has pensado en el aire que ese mar desaloja?
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Tú te buscas en mí. Yo escribo para ti. Es mi trabajo.
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A ti no te conozco, pero tú estás en mí porque me vas buscando.
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Te dan lo que te piden. Piden lo que te dan. Total: entras y sales.
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Yo tuve padre y madre. Pero ya no recuerdo sus cuerpos ni sus almas.
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Dejas tu pobre sombra como un nombre cualquiera escrito en la muralla.
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Los demás también mueren como tú, gota a gota, hasta que el mar se llena.
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Mi rostro no es su rostro sino, acaso, la sombra, la mezcla de esos rostros.
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Tú y yo somos dos tablas que alguien cortó en el bosque a un árbol milenario.
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Tú haces el bien o el mal. Tú eres causa de un hecho, pero: ¿Eres tú tu causa?
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Pero ¿Quién plantó ese árbol para que de él saliéramos y en él nos encerráramos?
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¿Cómo no amarte, madre, si me enseñaste a hablar tu lengua? ¿Si soy viento nacido de tu roca?
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Mi estrella: tú, tan partida, y tan única, y tan total como mi vida, y mi muerte: tú eres la llama que sale de mis ojos.