Roderick Hudson 1875
Frases célebres de Henry James.
Henry James nace en Nueva York, Estados Unidos, el 15 de abril de 1843 y fallece en Londres, Inglaterra, el 28 de febrero de 1916. Fue un escritor y crítico literario estadounidense. Está considerado como una de las grandes figuras de la literatura univer
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Las bostonianas - Dirección: James Ivory 1984
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Hay tres cosas importantes en la vida: La primera, ser amable; la segunda, serlo siempre; y la tercera, nunca dejar de serlo.
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Amor mío, no sé cómo decirte que la vida se ofrece ahora ante nosotros como una interminable tarde de estío, una de estas tardes de Italia, con esa especie de flotante neblina dorada y las sombras que comienzan a invadirlo todo con la divina delicadeza de
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El hombre es la suma de sus fantasías
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Confíe en mí como si estuviera a mi cargo. ¿Por qué no vamos a ser felices... Cuando la felicidad está aquí ante nosotros y es tan fácil alcanzarla? Yo soy suyo para siempre... Para siempre, por toda la eternidad.
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Hay tres cosas importantes en la vida: ser amable, ser amable y ser amable.
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Los idiomas no son nada. Me refiero al espíritu... Al genio.
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Todo es dulce y suave... Y tiene el color de las cosas de Italia.
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Y acuérdate siempre de que, si bien te han odiado... También has sido muy amada...
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Ella tenía una manera de considerar la vida que a él le parecía una ofensa personal.
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Vivir como él estaba viviendo era tanto como leer un buen libro en una mala traducción.
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La vida es mejor porque en ella existe el amor. La muerte es buena, pero en ella no existe amor.
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Yo daría mi dedo meñique por ir al Japón, uno de los pocos países que quisiera de verdad conocer.
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La vida había echado hondas raíces en ella y, por lo mismo, su goce más intenso consistía en sentir dentro de sí la continuidad entre las agitaciones de su propia alma y las del mundo externo.
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A ti te gusta mucho hacer lo que se te antoja. -Confieso que sí. Pero me gusta saber siempre las cosas que una no debe hacer. - ¿Para hacerlas? -preguntó su tía. -Depende -respondió Isabel.
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La dominaba una gran ansia de saber, pero prefería a lo impreso cualquiera otra fuente de información directa, y era tal su curiosidad por las cosas de la vida que de todo se admiraba y todo la emocionaba.
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Proferí entonces una exclamación de alegría y lo estreché con más fuerza contra mi cuerpo, donde pude sentir, en la fiebre repentina que hizo presa de su cuerpo, los acelerados latidos de un pequeño corazón.
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Lo cogí, sí, y es fácil imaginar con qué pasión; pero al cabo de un minuto comencé a darme cuenta de lo que en realidad tenía entre mis brazos. Estábamos solos, el día era apacible, y su pequeño corazón, desposeído, había dejado de latir.
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Yo soy un excelente comprador, sé comprar muy bien, no hay duda, pero no puedo vender; tendría usted que verlo cuando quiero deshacerme de alguna de mis cosas. Se precisa mucha más habilidad para hacer comprar a los demás que para comprar uno mismo.