Cuando alguien que de verdad necesita algo lo encuentra, no es la casualidad quien se lo procura, sino él mismo. Su propio deseo y su propia necesidad le conducen a ello.
Frases célebres de Hermann Hesse. [Página 5]
Hermann Hesse, Calw , 2 de julio de 1877 - Tesino (Suiza), 9 de agosto de 1962.
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Vivimos sólo de nuestros pobres, bellos, y magníficos sentimientos, y cada sentimiento que lastimamos es una estrella que apagamos.
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Sólo se tiene miedo cuando no se está de acuerdo con uno mismo.
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Pero cada uno es un impulso de la naturaleza hacia el hombre.
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Las palabras no sirven para explicar un sentido secreto.
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La deseperación es el resultado de tomarse en serio la comprensión y la justificación de la vida del hombre.
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Donde el camino me llevó siempre una lumbre daba abrigo pero yo nunca conocí qué es una patria y un hogar.
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No nos es tan querido lo duradero, inmóvil: piedra preciosa con un fuego frío, pesada barra de oro refulgente; y las mismas estrellas extrañas, alejadas, no parecen iguales a nosotros, seres transitorios, pues la hondura del alma no la alcanzan.
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Toda vida tiende hacia el lenguaje, en la voz y en el número, en el color, la línea y el sonido y alza un trono cada vez más alto a los sentidos.
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Todos tenemos orígenes comunes: las madres; todos nosotros venimos de la misma sima, pero cada uno tentativa e impulso desde lo hondo- tiende a su propio fin.
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Respirando hondamente, llenas de oscuras fuerzas, irredentas en su pasión devoradora.
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Podemos comprendernos unos a otros, pero sólo a sí mismo puede interpretarse cada uno.
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Llama al pasado, llama al futuro: ¡Ambos se hallan en ti!
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El ídolo saldrá de ti otra vez. Ten confianza en mí. Ten confianza en ti mismo. Has aprendido a creer en él. ¡Ahora aprende a amarlo!
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Dos y dos son cuatro acostumbraba a decir. Esto es lo que creo, y el hombre debe construir su pensamiento sobre la base de esta verdad.
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Pero te confieso, querido mío, que entre el pensamiento y la palabra no encuentro gran diferencia. A decir verdad, no presto más atención a una que al otro. Mayor importancia tienen para mí las cosas.
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... no hay ningún sueño eterno: a cada sueño le sustituye uno nuevo y no se debe intentar retener ninguno.
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Nadie puede pensar lo que quiere ni hacer pensar a otro lo que a él se le antoje. Lo único que puede hacerse es observar atentamente a una persona; generalmente se puede decir luego con exactitud lo que piensa o siente y, por consiguiente, también se pued
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Cuando llegue usted a pedir llevando en sí la plena seguridad de lograr su deseo, la demanda y la satisfacción coincidirán en un solo instante.
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Lo patético y trágico en la suerte de este Odiseo no era para nostros lo que había sufrido, sino lo que aún le esperaba y a cuyo encuentro iba a pesar de todo con enteraza y sin ilusiones.