La luz no tiene lengua.
Frases célebres de John Donne.
John Donne fue el más importante poeta metafísico inglés de las épocas de la reina Isabel I, el rey Jaime I y su hijo Carlos I (1625-1642).
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Nadie es una isla por completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de un continente, una parte de la Tierra. Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya
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Nadie duerme en la carreta que lo conduce de la cárcel al patíbulo; sin embargo todos dormimos desde la matriz hasta la sepultura, o no estamos enteramente despiertos
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Toda la humanidad es de un solo autor y forma un solo volumen, cuando alguien muere parece que una página le ha sido arrancada. En realidad dicha página ha sido traducida a un lenguaje mejor. Algunas páginas son traducidas por la edad, otras por la enferm
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La muerte de cualquier hombre me disminuye, porque yo formo parte de la humanidad; por tanto nunca mandes a nadie a preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti.
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La muerte de todo hombre me disminuye porque pertenezco a la humanidad. Por eso jamás preguntes por quién doblan las campanas: doblan por ti
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Nadie es una isla por sí mismo, todos formamos parte de la tierra firme.
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Ven a vivir conmigo, y sé mi amor, y nuevos placeres probaremos de doradas arenas, y arroyos cristalinos; con sedales de seda, con anzuelos de plata.
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Ningún hombre es una isla, algo completo en sí mismo; todo hombre es un fragmento del continente, una parte de un conjunto.
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Devuélveme mis ojos largamente descarriados,pues es ya mucho el tiempo que han estado sobre ti.
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Pueden amar los pobres, los locos y hasta los falsos, pero no los hombres ocupados.
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El mar es tan profundo en la calma como en la tempestad.
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Autoriza a mis ansiosas manos, y déjalas moverse delante, detrás, en medio, arriba, abajo.
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¡Ay, qué insignificante el corazón, si llega a caer en manos del amor!
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Si vi alguna belleza que deseé y obtuve, era un sueño de ti.
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Vienen hasta nosotros, pero a nosotros el amor arrastra, y, sin masticar, engulle. Por él, como por bala encadenada, tropas enteras mueren.
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Mi amor, aunque ignorante, es más audaz.
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Tú, amor, me has enseñado, al instarme a amar allí donde amor no es recibido, a dar sólo a quienes tienen incapacidad probada.