En tres palacios de gobierno recordé que soy sólo un novelista de putas y vagabundos, colocando con júbilo el acento en la palabra puta. Tengo horror a los términos prostituta, ramera, son discriminatorios.
Frases célebres de Jorge Amado.
Jorge Amado Escritor brasileño.
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Es curioso, pero siempre sentí que no era yo el que escribía mis libros; realmente quienes los escribían eran los personajes, al punto que a veces se comportaban de una manera casi despótica, como si tuvieran vida propia, ajena por completo a mi voluntad.
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Hoy sólo puedo decir que 'derecha' para mí quiere decir hambre, miseria, dictadura, y se encuentran elementos de derecha y formas de derecha en todos los regímenes, ya sean capitalistas o supuestamente socialistas. En cuanto a 'izquierda', para mí, quiere
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Más traicionero que la política sólo la justicia. Por eso andan siempre juntas, de la mano.
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Siempre estoy dispuesto a discutir, pero no a cambiar.
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Utilizo el humor como un arma para denunciar hechos muy graves y para defender los intereses del pueblo.
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El amor no se prueba ni se mide. Es como Gabriela. Existe, eso sí -dijo Juan Fulgencio-. El hecho de que no se comprenda ni se explique una cosa no acaba con ella. No sé nada de las estrellas, pero las veo en el cielo; son la belleza de la noche.
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¿Para qué explicar? Nada deseo explicar, porque explicar es limitar.
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La calle entera cantaba en la serenata a Flor, reclinada en la alta ventana, vestida de volados y encajes, bañada por la luna. Abajo, Vadinho, galante caballero, en la mano la rosa que de tan roja parecía negra. La rosa de su amor.
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Una vez un crítico con ánimo de ofenderme dijo que yo era un escritor de putas y vagabundos. Nunca escuché una verdad tan grande. Soy un novelista de putas y vagabundos y de los que sufren cualquier tipo de discriminación y de las causas dignas del hombre
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El amor eterno no existe. Hasta la más fuerte pasión tiene su tiempo de vida. Llegando su día, se acaba; nace otro amor. -Por eso mismo el amor es eterno -concluyó Juan Fulgencio-. Porque se renueva. Terminan las pasiones, es el amor el que permanece.
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¡Ay, nunca más sus labios, su lengua; nunca más su boca abrasada de cebolla cruda!
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Yo soy un escritor brasileño. Escribo con base en el conocimiento de la realidad de mi país. De las emociones, del sentimiento de mi pueblo. Que es un determinado pueblo, resultante de una determinada experiencia histórica.
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La peor cosa del mundo es que un hombre no sepa cómo actuar.
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Casarse de nuevo no es ningún insulto a la honra del difunto; cualquier mujer puede reverenciar la memoria del marido muerto y al mismo tiempo ser feliz en compañía de un segundo esposo.
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Cada hombre tiene su gusto propio - decía María Antonia, su ex alumna, una experta en machos y cama-, cada uno tiene su característica, unos sabios, otro no. Pero si una sabe aprovechar, ¡Ah!, todos son buenos...
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Pero ni aun así adquirió el difunto un aspecto púdico y decente: era un muerto de carnaval, ni siquiera mostraba sangre de bala o de puñalada corriéndole por el pecho que pudiera rescatarlo de su condición de mascarita.
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La tomaba como a un juguete; un juguete o un cerrado capullo de rosa que él hacía abrirse en cada noche de placer. Doña Flor iba perdiendo la timidez, entregándose a esa fiesta lasciva con creciente violencia, transformándose en amante impulsiva y audaz.
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Quítate el cartel y apuesto a que antes de seis meses... ¿Qué cartel? Ese que llevas en la cara: Soy viuda para siempre, no existo para la vida y para el casamiento. Decídete, vuelve a reír, a ser igual a todo el mundo y te juro que en menos de seis mes
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Malvina odiaba aquella tierra, la ciudad llena de murmuraciones, de los dimos y diretes. Odiaba aquella vida y contra ella pensaba luchar. Comenzó a leer, encaminada por Juan Fulgencio, que le recomendaba libros. Descubrió otro mundo más allá de Ilhéus, d