Lo malo no es no tener dónde caerse muerto, lo realmente malo es no tener dónde caerse vivo.
Frases célebres de Jorge Díaz.
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Siempre me gustaron los cómics y la novela negra. Yo quería ser Alberto Breccia y Georges Simenon, pero sólo me dio el cuero para ser Jorge Díaz.
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Dios cuando reza se mira al espejo.
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No hago absolutamente nada para que se monten sus obras... De hecho, una vez que las escribo me olvido de ellas. En fin, son situaciones a las que no les doy importancia, sólo corresponden al azar.
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Para mi Dios es un buda que me sonríe con el ombligo al aire.
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El amor no es un arte, es una pelea cuerpo a cuerpo por sobrevivir.
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Lo que en un momento dado se llamó teatro del absurdo -terminología ya pasada de moda, totalmente- no era más que una aproximación poética y humorística a las cosas. De hecho, jamás me habría atrevido -en teatro y en otras áreas- a insinuar o a decir cosa
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Me resultaría mucho más fácil creer en Dios, si no nos hubiera creado a su imagen y semejanza.
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No vengo del lenguaje. No soy un escritor. Sin un grupo detrás no puedo escribir ni una línea. Soy un arquitecto que ve las palabras en el espacio.
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Cada ausencia es la esperanza de un nuevo nacimiento.
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Soy una persona que tiene mucho material, porque me dedico a escribir en forma obsesiva.
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Desde niño era aficionado al dibujo y no a escribir. En la escuela y en la universidad me gustaba hacer monitos, dibujos. Si pudiera decir que tengo una vocación más honda, más arraigada, más antigua, diría que es la gráfica.
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A falta de experiencias existenciales yo adquiero experiencias imaginarias.
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Escribir es para mí divertir a los demás con mis secretos más dolorosos enmascarados detrás de una mueca burlona.
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Gracias a los niños he aprendido que el teatro es una historia de un día de lluvia que hay que cambiarla al día siguiente cuando sale el sol.
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Los anteojos de aquel exiliado estaban sucios con el polvo de la nostalgia.
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Escribo por si acaso aparece entre las sílabas muertas una palabra viva.
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Escribir una sola palabra es encender la lumbre del misterio. Escribir más de una palabra es un incendio.
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Los dramaturgos y los actores de esta orilla y de la otra, son lo que han creado y preservado espacios de libertad aún en los peores tiempo de la peste, la cólera, la persecución y el exterminio. Todos ellos, aparte del lenguaje, tienen en común el mismo
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Los actores jóvenes nos rehúyen como apestados, tienen miedo que les lloremos sobre el hombro.