Lo que más odio : La crueldad con la gente y con los animales, la violencia, los gritos, la presunción, los abusos de los hermanos mayores, la aritmética, que haya quienes no tienen para comer mientras otros se quedan con todo; encontrar dientes de ajo en
Frases célebres de José Emilio Pacheco.
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No, no me había curado: el amor es una enfermedad en un mundo en que lo único natural es el odio.
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¿Por qué tienen que pegarle etiquetas a todo? ¿Por qué no se dan cuenta de que uno simplemente se enamora de alguien? ¿Ustedes nunca se han enamorado de nadie?
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Todo nos interroga y recrimina. Pero nada responde. Nada persiste contra el fluir del día. Al centro de la noche todo acaba y todo recomienza.
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He cometido un error fatal - y lo peor de todo es que no sé cúal.
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Si los indios no fueran al mismo tiempo los pobres nadie usaría esa palabra a modo de insulto.
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Antes de la guerra en el Medioriente el principal deporte de nuestra clase consistía en molestar a Toru. Chino chino japonés: come caca y no me des... Toru, el mejor del grupo, sobresaliente en todas las materias... Hoy dirige una industria japonesa con c
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Pero no estaba arrepentido ni me sentía culpable: querer a alguien no es pecado, el amor está bien, lo único demoníaco es el odio.
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Poesía no es signos negros en la página blanca. Llamo poesía a ese lugar del encuentro con la experiencia ajena.
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Sigo pensando que es otra cosa la poesía: una forma de amor que sólo existe en silencio, en un pacto secreto entre dos personas, de dos desconocidos casi siempre.
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En la costa se afirma que los cangrejos son animales hechizados. Son seres incapaces de volverse para mirar sus pasos.
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No tu mano: la tinta escribe a ciegas estas pocas palabras.
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Digamos que no tiene comienzo el mar, empieza donde lo hallas por vez primera y te sale al encuentro por todas partes.
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Imposible dar gusto a todos. La nieve que para mí es la diosa, la novia, Astarté, Diana, la eterna muchacha, para otros es la enemiga, la bruja, la condenable a la hoguera.
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Y veo a los jóvenes corriendo sin parar por la vía franca, rumbo a la felicidad...
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La gente llega, vive, sufre, se muere. Vienen los otros a ocupar su sitio y la casa arruinada sigue viviendo.
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Y ahora una digresión: consideremos esa variante del amor que nunca puede llamarse amor. Son aislados instantes sin futuro.
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Tal vez sólo me apropio los gestos, las palabras, los actos inherentes a la pequeña fracción de tiempo asignada a mi persona.
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Y cada ola quisiera ser la última, quedarse congelada en la boca de sal y arena que mudamente le está diciendo siempre: adelante.
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Extraño mundo el nuestro: cada día le interesan cada vez más los poetas; la poesía cada vez menos. El poeta dejó de ser la voz de la tribu, aquel que habla por quienes no hablan.