Viajar puede ser una de las más rentables formas de introspección.
Frases célebres de Lawrence Durrell.
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Buscamos llenar el vacío de nuestra individualidad y por un breve momento disfrutamos de la ilusión de estar completos. Pero es sólo una ilusión: el amor une y después divide.
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Una ciudad se hace un mundo cuando uno ama a uno de sus habitantes.
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Qué cosa terrible es la caridad a la que las mujeres pueden llegar. Se ve todo el tiempo... Amor dado a absolutos tontos. El amor es el pabellón de la caridad.
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Nadie puede continuar siendo un rebelde sin acabar siendo un autócrata.
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La historia es una repetición interminable del modo de vida equivocado.
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La música ha sido inventada para confirmar la soledad humana.
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El amor une y después divide.
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Hay sólo tres cosas a hacer con una mujer. Se puede amarla, sufrir por ella, o convertirla en literatura.
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No más sobre sexo, es demasiado aburrido.
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Sorprenderse totalmente en el momento de la muerte es una manera de estar totalmente despierto.
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Nada es más fácil de conseguir en nuestra ciudad como una muerte o una desaparición.
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La música es sólo amor buscando palabras.
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La vejez es un insulto, es como ser abofeteado.
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Las mejores cartas de amor de una mujer son siempre las escritas al hombre que está traicionando.
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Nada se pierde, dulce ser, nada se pierde nunca, no se agota la palabra no dicha, más se escucha. Permanece la música que manda el silencio, el eco está por doquier, pájaro que llamar nadie sabe.
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La carne despierta, siente los barrotes de su prisión. De noche una prostituta borracha camina por una calle obscura, sembrando los fragmentos de una canción como si fueran pétalos.
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Te dices: Me marcharé a otra tierra, otro mar, a una ciudad mucho más bella que lo que esta pudo ser o anhelar ... ¡Ah! ¿No comprendes que al arruinar tu vida entera en este sitio, la has malogrado en cualquier parte del mundo?
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Los árboles inciensan, refrescan, se derraman e inundando desperezan las plumas de los pájaros y sacuden las alfombras desde las ventanas, cepillan con rocío el esfuerzo, mientras los jóvenes amantes ejecutan sus pequeñas resurrecciones.
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Más allá de los cabos y promontorios del ansia, más allá de los premeditados menhires del deseo, más torpes y tímidos con aquellos que más exigen algo sutil y hermoso y lleno de descanso, nos movemos y zozobramos en mareas de ilusión, a tientas buscando m