El hombre superior ama su alma; el hombre inferior ama su propiedad.
Frases célebres de Lin Yutang.
Lin Yutang (n. Xiamen, Fujian; 10 de octubre de 1895 - m. Yangmingshan, Taiwán; 26 de marzo de 1976) fue un escritor chino
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La función química del humor es ésta: cambiar el carácter de nuestros pensamientos.
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La mitad de la belleza depende del paisaje y la otra mitad del hombre que la mira
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La belleza de la vida humana consiste en que, al revisar nuestras resoluciones el día de fin de año, descubrimos que hemos cumplido una tercera parte, hemos dejado sin cumplir otro tanto, y no podemos recordar a qué se refería la otra tercera parte.
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Vive como si no fueras a morir nunca, actúa como si fueras a morir mañana
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La sabiduría de la vida consiste en la eliminación de lo no esencial. En reducir los problemas de la filosofía a unos pocos solamente: el goce del hogar, de la vida, de la naturaleza, de la cultura.
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Los que son sabios, poco hablan; y los que hablan mucho, son poco sabios
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Ser justo con los que conmigo son justos es completamente natural, pero ser justo con los que son injustos conmigo es sin duda un signo de superioridad
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El destino de los hombres está gobernado por sus acciones pasadas y presentes
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La sabiduría de la vida consiste en eliminar lo que no sea esencial.
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Hay dos maneras de difundir la luz... ser la lámpara que la emite, o el espejo que la refleja.
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Perdonamos a los grandes del mundo porque han muerto; pero en vida son imperdonables
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El máximo de poder es la iniciación de la decadencia.
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En esta vida hay lágrimas, y lo que importa, después de todo, es ante lo que lloramos
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Por estar en conformidad con el Tao, es eterno, y toda su vida está protegida de daño
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Un hombre educado es el que tiene los amores y los odios juntos.
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No hay una edad para empezar a ser galante ni para dejar de serlo.
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Todos los trajes de las mujeres son solamente una transacción entre el deseo manifiesto de vestirse y el deseo encubierto de desnudarse
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Es importante que el hombre sueñe, pero lo es igualmente que pueda reírse de sus sueños
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No hay condición tan baja que no tenga esperanza; ninguna tan alta que no inspire temores