El mayor fiscal de mis obras soy yo.
Frases célebres de Luis de Góngora y Argote.
Luis de Góngora y Argote fue un religioso y poeta español del Siglo de Oro.
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Hoy hacen amistad nueva
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Las palabras, cera; las obras acero.
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Mal te perdonarán a ti las horas,
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La vida es ciervo herido que las flechas le dan alas.
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Ándeme yo caliente
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Celosa estás, la niña, celosa estás de aquel dichoso, pues lo buscas, ciego, pues no te ve.
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Y por vida de tus ojos, que son de mis ojos vida, que nuestra amistad despida cualquiera ocasión de enojos.
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Pasos de un peregrino son, errante, cuantos me dictó versos dulce musa en soledad confusa, perdidos unos, otros inspirados.
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De sitio mejorada, atenta mira en la disposición robusta aquello que, si por lo suave no lo admira, es fuerza que lo admire por lo bello.
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Las horas que limando están los días que royendo están los años.
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Ande yo caliente y ríase la gente.
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Galatea lo diga, salteada. Más agradable, menos zahareña, al mancebo levanta venturoso, dulce ya concediéndole y risueña paces no al sueño, treguas sí al reposo, lo cóncavo hacia de una peña a un fresco sitial dosel umbroso, y verdes celosías unas hiedras
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Si basta un solo cabello para atar mi voluntad, sin que haya necesidad de echarme cadena al cuello.
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A la una los pies beso y al otro las manos pido: pues en ellas veo que están, según mi ventura quiso, las llaves del paraíso de este venturoso Adán.
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Argos es siempre atento a su semblante, lince penetrador de lo que piensa, cíñalo bronce o mírelo diamante, que en sus paladiones amor ciego, sin romper muros introduce fuego.
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Cera y cáñamo unió que no debiera, cien cañas, cuyo bárbaro ruido, demás ecos que unió cáñamo y cera alboque es duramente repetido; la selva se confunde, el mar se altera, rompe Tritón su caracol torcido, sordo huye el bajel a vela y remo; tal la música e
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Serénense tus ojos, y más perlas no des, porque al sol le está mal lo que a la aurora bien.
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Tan ligero el corzo es, que no da menos enojos el seguillo con los ojos que alcanzallo con los pies; y así por mi cuenta hallo que, si consientes decillo, hizo más que tú en herillo, la saeta en alcanzallo. Mas quede el brazo contento, camila, pues que de
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Muda la admiración, habla callando, y, ciega, un río sigue, que -luciente de aquellos montes hijo- con torcido discurso, aunque prolijo tiraniza los campos útilmente.