América Latina limita al norte con el odio y no tiene más puntos cardinales.
Frases célebres de Luis Sepúlveda.
Luis Sepúlveda . Escritor chileno, autor de "Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar" y "Un viejo que leía novelas de amor".
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El amor es sin duda el más intenso de los sentimientos porque es una suma de muchos; en el amor, como yo lo entiendo, confluyen la necesaria química entre dos personas, el erotismo, la lealtad y la más absoluta sinceridad.
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Deseaban verlo, tenerlo, y también deseaban sentir su ausencia, la tristeza de no poder hablarle, y el vuelco jubiloso en el corazón al verle aparecer de nuevo.
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El sufrimiento no tiene mayores explicaciones, es parte del equilibrio de la vida. Se vive entre la alegría y el sufrimiento.
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Soy agnóstico y para mí la vida es un bello desafío. Y como tengo la fortuna de saber interrelacionar dialécticamente todo lo que ocurre soy Marxista nunca he necesitado ni de supercherías religiosas ni de búsquedas de la luz para saber dónde está el cami
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No, se trata del otro amor, del que duele.
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Le habló a la selva recibiendo la única respuesta del aguacero.
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El tigrillo capta el olor a muerto que muchos hombres emanan sin saberlo.
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Está juntando odio, pero todavía no reúne el suficiente. Eso lleva tiempo.
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Por primera vez se sintió acosado por el animal de la soledad; bicho astuto.
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Si no tenemos un punto fijo al que queremos llegar, damos vueltas y vueltas.
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El cazador ha de ir siempre un poco hambriento, pues el hambre agudiza los sentidos.
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El aire se notaba cada vez más caliente y espeso. Pegajoso, se adhería a la piel como una molesta película, y traía desde la selva el silencio previo a la tormenta. De un momento a otro se abrirían las esclusas del cielo
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Muchas veces escuchó decir que con los años llega la sabiduría y él esperó, confiando en que tal sabiduría le entregara lo que más deseaba: ser capaz de guiar el rumbo de los recuerdos y no caer en las trampas que éstos tendían a menudo.
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No existe la competencia en la literatura, eso se da tal vez en la economía, en el deporte, pero en la literatura no, porque hay una persona que se llama lector, que va a decidir si quiere leer ese libro o no y en eso es muy poco lo que se puede hacer par
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Un mandato desconocido le indicaba que matarla era un imprescindible acto de piedad.
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Los colonos se empeñaban en construir la obra maestra del hombre civilizado: el desierto.
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Deme una novela bien triste, con mucho sufrimiento a causa del amor, y con un final feliz.
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Según los pasillos, el amor era como la picadura de un tábano; invisible, pero buscado por todos.
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Era un animal hermoso, una obra maestra de gallardía que ni el pensamiento era capaz de reproducir.