Pueblo que no sabe su historia es pueblo condenado a irrevocable muerte. Puede producir brillantes individualidades aisladas, rasgos de pasión de ingenio y hasta de género, y serán como relámpagos que acrecentará más y más la lobreguez de la noche.
Frases célebres de Marcelino Menéndez Pelayo.
Marcelino Menéndez Pelayo , filólogo, historiador, bibliógrafo, polígrafo, filósofo y político español, nombrado académico de la Real Academia de la Lengua y de Historia, antes de los 30 años. Fue también director de la Biblioteca Nacional.
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España, evangelizadora de la mitad del orbe; España martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio...; ésa es nuestra grandeza y nuestra unidad; no tenemos otra. El día en que acabe de perderse, España volverá al cantonalismo de l
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No queráis llamar 'lengua española' a la lengua castellana, frase malsonante y rara vez usada por nuestros clásicos, que siempre se preciaron de escribir en castellano. Tan lengua española es la castellana como la catalana y la portuguesa”.
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Nunca, en el largo curso de la historia, despertó nación alguna tan gloriosamente después de tan torpe y pesado sueño como España en 1808”.
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Y a dar testimonio de que no se pueden conocer los libros de Milá sin conocer la tierra catalana, he venido yo, el último de sus discípulos, aunque el primero de su confianza, castellano de la más vieja Castilla, de la Montaña de Santander como ahora deci
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¡Qué pena morir, cuando me queda tanto por leer!
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La memoria es el talento de los tontos
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Y si tú me recuerdas alguna vez en solitarias horas, no será por los triunfos y laureles que siembre a fortuna en mi camino, sino por la recóndita armonía que vibró de tus ojos en mi mente, y arrancó, reflejada en mis cantares, tal vez una sonrisa de tus
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Todo hombre tiene horas de niño, y desgraciado el que no las tenga
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Todos los hombres tienen sus horas de niños, y ¡hay del que no las tiene!
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Si en sus obras hay luz, paz y hermosura, es porque emanan de otra luz más pura.
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Esta pasión que vencedora rige mi fe, mi corazón y mi albedrío, ni darán tus sonrisas paz al alma, hasta que en ti sus claros ojos fije la eterna luz del pensamiento mío.
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De todos los malos epítetos que pueden darse a la Luna, quizá no haya otro más infeliz, que éste de redonda.
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¡Ojalá cada sol que te amanezca aún más hermosa y más feliz te mire!
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La fe hace portentos y salva a las naciones como a los individuos.
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Ése es mi amor; el inmortal deseo que antes erraba sin hallar reposo...
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No queráis llamar
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Tú serás el cincel, noble señora, que labre el mármol del ingenio mío.