La muerte es algo equiparable al nacimiento, es un misterio de la naturaleza; la composición se produce a partir de los mismos elementos a los que da lugar la desintegración….
Frases célebres de Marco Aurelio. [Página 2]
Marco Aurelio Antonino Augusto adoptado como hijo por su tío, el emperador Antonino. Tras su muerte en el 161 d. C
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Si es forastero del universo quien no conoce lo que hay en él, no lo es menos quien desconoce sus sucesos. Es un desterrado quien destierra la razón social. Es ciego quien guiña el ojo de la inteligencia. Es mendigo quien precisa de otro y no tiene en sí
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Todo lo que escuchamos es una opinión, no un hecho. Todo lo que vemos es una perspectiva, no es la verdad.
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Nunca discutas con un superior. Corres el riesgo de tener razón.
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No malgastes lo que te queda de vida conjeturando sobre los demás, a no ser que busques un bien común. Pues imaginar qué pueden estar haciendo y por qué, qué están pensando y qué planean, te aturde y te aparta de tu guía interior
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Si la fama llega después de la muerte, no tengo prisa en conseguirla.
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En ninguna parte puede hallar el hombre un retiro tan apacible y tranquilo como en la intimidad de su alma.
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La felicidad de tu vida depende de la calidad de tus pensamientos: por lo tanto, Guardia en consecuencia, y cuidar de que se entretienen sin nociones inadecuadas a la virtud y el carácter razonable.
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Acuérdate también de esto siempre; para vivir felizmente basta con muy poco
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Morir no es otra cosa que cambiar de residencia
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El verdadero modo de vengarse de un enemigo es no parecérsele.
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La vida de un hombre es lo que sus pensamientos hacen de ella.
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La inteligencia del universo es social. Ha hecho a los inferiores para beneficio de los superiores, y a los superiores para que se adapten unos a otros
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El tiempo es un río de acontecimientos, una corriente impetuosa
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Te embarcaste, surcaste mares, atracaste: ¡desembarca!
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El alma llega a ser exterminada por el color de sus pensamientos
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Donde quiera que se pueda vivir se puede vivir bien
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Aunque los reyes obren bien, se hablará mal de ellos
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Es gran prudencia, cuando el daño puede remediarse, que se remedie, y cuando no, que se disimule.
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A nadie le acontece cosa alguna que no sea, por naturaleza, capaz de recordar.