El verdadero lugar de nacimiento es aquel donde por primera vez nos miramos con una mirada inteligente
Frases célebres de Marguerite Yourcenar. [Página 2]
Marguerite Cleenewerck de Crayencour , más conocida por su seudónimo Marguerite Yourcenar, fue una poetisa, novelista, autora de teatro y traductora nacida en Bruselas, Bélgica, autora de Memorias de Adriano, Opus Nigrum, Como el agua que fluye, El tiempo
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El crimen del loco consiste en que se prefiere a los demás. Esta preferencia impía me repugna en los que matan y me espanta en los que aman. La criatura amada ya no es, para esos avaros, sino una moneda de oro en que crispar los dedos. Ya no es un dios: a
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Te veo pálido y bello: tu carne es una antorcha hecha de cera y fuego
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Un triunfo sólo sienta bien a los muertos. La fortuna de un muerto está al abrigo de los reveses; hasta sus derrotas adquieren un resplandor de victoria
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La ficción tiene su lado bueno, prueba que las decisiones del espíritu y la voluntad priman sobre las circunstancias
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Una buena voluntad admirable se concentró en torno a mí: la reducida tropa que mandaba tenía en su estrecha cohesión una forma suprema de virtud, la única que soporto todavía: su firme determinación de ser útil
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La costumbre nos hubiera llevado a ese fin sin gloria pero también sin desastres que la vida procura a los que no rehúsan su dulce embotamiento por el uso
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La verdad tiene secretos para introducirse en un alma que ya no se atrinchera contra ella
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Siempre ha habido muchas razones para viajar, de las cuales la más simple -y ya compleja- consiste en hacerlo por la ganancia y por la aventura, dos móviles difícilmente separables incluso en el caso de Las mil y una noches y en el de Marco Polo.
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Entreveía la posibilidad de helenizar a los bárbaros, de atizar a Roma, de imponer poco a poco al mundo la única cultura que ha sabido separarse un día de lo monstruoso, de lo informe, de lo inmóvil, que ha inventado una definición del método, una teoría
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No amaba menos, sino al contrario. Pero el peso del amor, como el de un brazo tiernamente posado sobre un pecho, se hacía cada vez más difícil de soportar
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Las leyes cambian menos rápidamente que las costumbres; son peligrosas cuando quedan a la zaga de éstas, pero aún lo son más cuando pretenden precederlas
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Observar las disciplinas humildes. Fidelidad en las pequeñas cosas
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Vosotros, poetas, habéis hecho del amor una inmensa impostura: el que nos toca en suerte siempre nos parece menos hermoso que esas rimas emparejadas como dos bocas una sobre otra
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Yo abrazo, delicia pura, tu cara desconocida, idéntica a mi alma
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Soy como ustedes un juguete en la enorme mano
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La miel de las heridas embalsama el amor
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La novela devora hoy todas las formas: estamos casi obligados a pasar por ella
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La filosofía epicúrea, ese lecho estrecho pero limpio
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Hay algo reprobable en mostrarse demasiado cariñoso cuando uno se va, como para que lo echen de menos