Mi oficio me pareció inútil, lo que es casi tan absurdo como creerlo sublime
Frases célebres de Marguerite Yourcenar. [Página 3]
Marguerite Cleenewerck de Crayencour , más conocida por su seudónimo Marguerite Yourcenar, fue una poetisa, novelista, autora de teatro y traductora nacida en Bruselas, Bélgica, autora de Memorias de Adriano, Opus Nigrum, Como el agua que fluye, El tiempo
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Yo sufro la ausencia y el espacio duro; la pena es un muro
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Mi viejo corazón es un Rey sin razón
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Se dice loco de alegría. También podría decirse loco de dolor
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Un buen negociador nunca confía
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Pero cuando veo cuan pocas son las gentes que leen la Ilíada de Homero, me resigno más fácilmente a no ser leído
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Rocío: el verano te bebe
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A menudo he pensado con tristeza que un alma verdaderamente hermosa no alcanzaría la gloria, porque no la desearía
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¿Y qué es el error, y su sucedáneo, la mentira -prosiguió Zenón-, sino una especie de Caput Mortuum, una materia inerte sin la cual la verdad, harto volátil, no podría triturarse en los morteros humanos...?
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Una parte de cada vida, y aun de cada vida insignificante, transcurre en buscar las razones de ser, los puntos de partida, las fuentes
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¿Vale la pena afanarse durante veinte años para llegar a la duda, que crece por sí misma en todas las cabezas inteligentes?
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Tengo varias religiones, como tengo varias patrias, de manera que en cierto sentido no pertenezco quizás a ninguna
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No soy de los que afirman que sus acciones no se le parecen. Muy al contrario, pues ellas son mi única medida, el único medio de grabarme en la memoria de los hombres, y aún en la propia mía
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Todo placer, sentido con gusto, parece casto
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La muerte es un sacramento del que sólo son dignos los más puros: muchos hombres se deshacen, pocos mueren
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Vuelvo a pensar en ti y te vuelvo a olvidar
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¿Ingenio? ¿En el dolor? Puede ser, pues hay sal en las lágrimas
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El gran mérito de la magia y de la alquimia, su hija, era el postular la unidad de la materia, hasta tal punto que algunos filósofos del alambique habían creído poder asimilar ésta a la luz y al rayo
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Todos nos transformaríamos sin nos atreviéramos a ser lo que somos.
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Quizás lo que haga la voluptuosidad tan terrible sea que nos enseña que tenemos un cuerpo. Antes, sólo nos servía para vivir. Después, sentimos que aquel cuerpo tiene su existencia particular, sus sueños, su voluntad y que, hasta la muerte, tendremos que