Alas de tu sueño hilvanan noche tras noche la trama del destino.
Frases célebres de Marlene Pasini.
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Soñar: luz que se disuelve. Sortilegio.
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Cómo cuesta vivir bajo la consigna de este mundo condenado.
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Rostros de arcángeles se desploman como guijarros de cristal.
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Aquí el tiempo se consume, su perpetua sustancia es de otro reino.
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La boca silenciada mutila palabras que agonizan en la punta de la lengua.
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Pides al alba que desgarre su luz donde la soledad es el rito acostumbrado.
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El lirio se deshoja, en sigilo su lamento cae. Inmolación eterna la soledad de cada uno.
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Alas fugaces danzan entre las ramas, cada movimiento se evapora en la hoguera del instante.
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Suelta la noche su esencia de lirio en el trasluz de la alborada sobre los filos de arena, sobre las aguas tersas.
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Ocultas flores crecen silentes en mi interior, dentro de esa otra incompresible, la olvidada, la del rostro jamás mirado ante el espejo.
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Vuelven los peces a agitar la noche en el borde umbrío de nostalgias, el recuerdo de tu última partida sobre el fugaz polvo de la tierra.
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¿Qué murallas derriba tu voz en el sigilo de la noche? Esa distancia que cae como un telón entre el vacío y la memoria ardiente de los días.
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Tu oscuridad gesta luces iridiscentes. Lienzos de tiempo caen como harapos. Sobre ruinas nocturnas gira un pájaro ciego, parvada de recuerdos.
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Harpas del tiempo que pulsaron su acorde catedral sobre las montañas de tu alma, manantiales de sol palpitando en las fisuras del abismo.
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Inmemorial flor ágata del desierto con los dueños de la noche habitas, con los cuerpos devorados, caes silente, hecha polvo en el aire, en la infinita nada.
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Fingimos dormir como impenetrables esferas de cristal. La tierra no consuela sólo despeña su oscura y áspera orfandad. Arriba torres de viento se desmoronan al vacío.
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Ven a mi sueño, dulce encantada, y en esta idéntica soledad que hoy nos abisma, sigamos deshilvanando juntas en una morada del corazón el ovillo temible del presagio.
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Oyes el graznido de la última gaviota cerrando su pacto con el rumor dulce de la espuma, y tú, vas y vienes sobre la corriente con el alfabeto del mar entre tus manos.
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Cuántas veces ardían hogueras en el pozo de tus sueños, jaurías de tempestades que guardaron su sed bajo el humo de un arcángel, la humedad del relámpago para tu voz de fuego.