Escribo por el placer de contradecir y por la felicidad de estar solo contra todos
Frases célebres de Milan Kundera. [Página 4]
Milan Kundera . Escritor nacido en Brno, República Checa, autor de El libro de los amores ridículos, La insoportable levedad del ser, La identidad, entre otras obras.
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La soledad: dulce ausencia de miradas
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Si no sabemos hacia qué futuro nos lleva el presente, como saber si merece nuestra adhesión, nuestra desconfianza o nuestro odio
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La velocidad es la forma de éxtasis que la revolución técnica ha brindado al hombre.
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Tener conciencia de un acto no es pensarlo, sino sentirlo.
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Pero aquel que no piensa en el cuerpo se convierte más fácilmente en su víctima.
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... la fidelidad da unidad a nuestra vida, que, de otro modo, se fragmentaría en miles de impresiones pasajeras como si fueran miles de añicos.
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... la grandeza del hombre consiste en que carga con su destino...
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¡Qué indefenso está el hombre ante los elogios!
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Sólo la casualidad puede aparecer ante nosotros como un mensaje.
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... la felicidad es el deseo de repetir.
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Sin saberlo, el hombre compone su vida de acuerdo con las leyes de la belleza aun en los momentos de más profunda desesperación.
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El verdadero examen moral de la humanidad, su examen fundamental que yace enterrado profundamente lejos de la vista consiste en su actitud ante esos que están a su merced: los animales. Y en este sentido la humanidad ha sufrido una derrota. Una derrota ta
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Quien busque el infinito que cierre los ojos.
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Los niños no son el futuro porque algún día vayan a ser mayores, sino porque la humanidad se va a aproximar cada vez más al niño, porque la infancia es la imagen del futuro.
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La vida es la memoria del pueblo, la conciencia colectiva de la continuidad histórica, el modo de pensar y de vivir.
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Lo que se ha instaurado en el mundo es una sociedad capitalista, con todo lo que en ella es vulgar, cruel y estúpido, con advenedizos, estafadores y timadores, con la grotesca chabacanería de los nuevos ricos. La crueldad del dinero ha sustituido a la cru
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La cirugía lleva el imperativo básico de la profesión médica hasta límites extremos, en los que lo humano entra en contacto con lo divino.
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En estos días sólo puede ser optimista un gran cínico.
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El hombre cree que desempeña su papel en determinada obra y no sabe que mientras tanto han cambiado el decorado en el escenario sin que lo note y sin darse cuenta se encuentra en medio de una representación completamente distinta.