Conceder la inmortalidad a cada perico de los palotes fue el mayor y más pérfido atentado contra la humanidad noble.
Frases célebres de Nietzsche. [Página 32]
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La gran pasión nunca se somete a las convicciones.
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La vida es siempre más dura conforme se va elevando, aumenta el frío, aumenta la responsabilidad.
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Artículo quinto. — Comer en la misma mesa con un sacerdote le hace quedar a uno expulsado: con ello uno se excomulga a sí mismo de la sociedad honesta. El sacerdote es nuestro chandala — se le proscribirá, se lo hará morir de hambre, se lo echará a toda e
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Artículo sexto. — A la historia sagrada se la llamará con el nombre que merece, historia maldita; las palabras Dios, redentor, santo, se las empleará como insultos como divisas para los criminales.
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Artículo séptimo. — El resto se sigue de aquí.
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Cuando tengo cerca a un alemán se me retrasa la digestión.
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En estas circunstancias existe un deber contra el cual se rebelan en el fondo mis hábitos y aún más el orgullo de mis instintos, a saber, el deber de decir: ¡Escuchadme, pues yo soy tal y tal. ¡Sobre todo, no me confundáis con otros!
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Seguir su filosofía es seguir nuestra propia filosofía, lo que implica tener una.
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Cada logro, cada avance del conocimiento, depende de la resistencia contra uno mismo.
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Ahora os ordeno perderme a mi y encontraros a vosotros; sólo cuando todos hayáis renegado de mi volveré a vosotros.
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Julio César podría ser mi padre, o Alejandro.
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El genio está condicionado por un aire seco, por un cielo puro, por un metabolismo rápido, por la capacidad de aprovisionar grandes cantidades de fuerza.
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Qué me importa a mí el deplorable parloteo de las caóticas y planas cabezas norteamericanas.
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En la elección de la alimentación, del lugar, del clima y de las distracciones gobierna un instinto de autoconservación.
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Según el cristianismo el hombre no debe pensar ... y debe sufrir de modo que tenga constante necesidad del sacerdote.
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Para conquistar la verdad hay que sacrificar casi todo lo que es grato a nuestro corazón. El servicio de la verdad es el más duro de todos los servicios.
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La libertad de toda clase de convicciones forma parte de la fuerza, la facultad de mirar libremente, la gran pasión, la potencia del propio ser, toma todo su intelecto a su servicio.
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La necesidad de creer es una necesidad de los débiles. El hombre débil necesita depender.
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La naturaleza y no Dios es lo que separa a los hombres que dominan por su entendimiento, por la fuerza o por el carácter.